Opinión

Ritácora: Un homenaje a la montaña

Camilo Calderón
Imágenes POR
Camilo Calderón
2020-07-28

El amor por escalar la montaña es una cuestión milenaria y que por generaciones nos ha hecho un paralelo celestial con la limitada gloria que nosotros, los mortales podemos alcanzar en tan poco tiempo de vida. Llegar a la cima no solo trata de un desplazamiento y de un logro físico; es una cuestión que deja claros los posibles límites de la voluntad humana—y sus debilidades—al ser en la práctica una especie de rito crepuscular donde se pone todo valor y coraje a prueba sin importar el terreno. Y es que nuestro rico panorama geológico es una cantera para el cultivo de estos sueños de pequeños gigantes; las montañas colombianas son un pedacito de litósfera que reta—y a veces derrota—a muchos luchadores año tras año, en todas las condiciones y en todos los niveles de esta pasión.

John Umaña es un tipo creativo; un diseñador e ilustrador con hobbies y un trabajo como muchos de nosotros en la montañosa y elevada ciudad de Bogotá. También, cuando yo estaba en el colegio y Best of You sonaba en la radio, fue mi profesor en un taller de historieta y una gran influencia para lo que hago hoy en día. John es un egresado de la Universidad Nacional, y sigue aún estando enamorado de la montaña. Me refiero más que nada por su trabajo de grado; un proyecto ilustrativo terminado en 1999 y que retrata de una forma única varias historias detrás de sus expediciones.

La montaña y sus escaladores
La montaña y sus escaladores - Tomado de Ritácora, de John Umaña (1999)

Ritácora—el nombre del proyecto—nació por tres grandes amores de John en su momento: Las montañas, la fotografía y la ilustración.

En su tercer semestre de carrera uno de sus primos le mostró unas imágenes que logró en el Cocuy; fueron suficiente para que en 1995 diera su primer viaje al Ritacuba Blanco y se acercara—impresionado—a escenarios naturales que pensó no existían en el país. La idea—que aún no se materializaba en un proyecto de grado—empezó con fotografías hechas en su cámara análoga; y, como es común en esta práctica, la cautela al disparar era mayor ya que casi siempre sólo llevaba tres rollos y un cuerpo—que fácilmente podrían deteriorarse por la intemperie.

Hacer fotografía análoga tiene muchos encantos más si hablamos de una travesía de montaña; sin embargo, el aspecto que más le trajo musas en su momento era la espera sobre el revelado. Pasaban casi siempre unos quince días mientras se realizaba el viaje, para luego revelar y positivar cada una de las imágenes elegidas. Escalar es una cuestión de exploración constante, y estos recuerdos en papel fotográfico terminan siendo un producto importante para luego empezar un planteamiento mayor. Uno que cambiara las reglas de juego.

Vistas al horizonte
Vistas al horizonte - Tomado de Ritácora, de John Umaña (1999)

No en todo momento la cámara hacía memoria sobre los recorridos; John llevaba material para bocetar, en una libreta, los diferentes paisajes y momentos que, por cuestiones de la cautela o simplemente una limitación técnica, su cámara no pudo capturar a su paso. Esta libreta también sirvió como repositorio de sus pensamientos en medio de las expediciones; uno donde dejaría manifiestos, poemas y recuerdos a veces helados sobre personajes del campo colombiano—algunos con características únicas e historias de carácter espiritual que de cierto modo cambiaron su perspectiva sobre la vida, los elementos y el hacer humano.

En medio de su recorrido en la universidad llegó al punto de plantearse realizar un libro sobre las montañas de Colombia, sus páramos y sus nevados; principalmente inspirado en parte por un libro de la editorial Villegas llamado Alta Colombia—un título con una alta calidad fotográfica dedicado a mostrar rincones únicos de este gran trozo de tierra. En ese momento los bocetos en las libretas dañadas por el clima, la ropa desgastada y las historias personales cobraron vida en lo que sería el proyecto Ritácora—con su nombre basado en el Ritacuba Blanco, su primera expedición.

Pastor Correa, guía de la montaña
Pastor Correa, guía de la montaña - Tomado de Ritácora, de John Umaña (1999)

Docentes de la talla de Gabriel Suárez y David Consuegra dejaban claro en sus cátedras que el trabajo de grado al que se enfrentaría, sería como la guerra; uno va a ella con las mejores armas. La escalada en cierto sentido también pide una valentía única—donde la verdadera competencia es con uno mismo—y donde se pierde la noción del tiempo, del cansancio y del miedo por la excusa de dominar la tierra y llegar a la meta. Es esta lucha la que vendría siendo un trabajo de un año para consolidar un libro de más de setenta páginas.

Un libro realizado enteramente a mano, con arreglos caligráficos e ilustraciones de veintidós viajes, cada uno de aproximadamente siete días. Cada viaje con un tema—y sentimientos—principales—como la lluvia, el barro, la reflexión, la niñez, las cumbres, entre otros. Un homenaje a la montaña con un objetivo claro: Despertar la conciencia, amar la vida y vivir la libertad en cada cumbre.

Obras como El camino de la montaña, de Erwin Krauss fueron de suma importancia para la construcción de su proyecto. La idea del hombre nómada que recorre los espacios y que tiene respeto por la tierra y los recursos naturales—en especial el agua—es un tema central y recurrente en los diferentes relatos retratados en acuarela, tinta china, gel de bolígrafo y materiales inusuales como café—hecho especialmente para la creación de tonos y acabados en el papel en el libro.

Más de la mitad de imágenes están basadas directamente en las fotografías clasificadas y bocetadas en los seis primeros meses de preparación. Las tapas fueron realizadas con pulpa de pajonal de páramo adherida a una camiseta que estuvo presente en sus viajes, pisada en el respaldo por la huella de una de sus botas de escalada. El aroma a café—según cuenta Umaña—llenó los salones donde el libro estuvo presente para exponer y ser juzgado por Dioscórides Pérez—respetado artista y grabador—Carlos Riaño—reconocido ilustrador infantil—y David Consuegra—quien en la práctica es el papá del Diseño Gráfico en Colombia. El libro Ritácora recibió título de tesis meritoria—en un contexto donde prácticamente todos los trabajos de grado ya se realizaban en computador—y es una pieza que John aún conserva entre sus recuerdos más fuertes de la universidad, en un sencillo archivo en su apartamento de Suba.

Fotografía del libro
El libro en mis manos. El formato es considerablemente grande.

Un objeto como este, a pesar de no sufrir la intemperie—como si los diferentes pares de botas que John usó para sus viajes—sufre los daños que sólo las adversidades que el tiempo puede dar. Sus hojas ya no emanan aroma a café recién molido; sus pastas se cuartean lentamente; sus tintas se desvanecen de la misma forma cómo los atardeceres en la Sierra pierden su tinte naranja en su propia memoria. El libro, así como el hombre envejecen con el tiempo, y son las glorias de llegar a la cima las que realmente nunca marchitan en esta historia.

Ritácora nos demuestra que viajar no es solo subir la montaña; no solo es una cuestión de pasión y de superación. Viajar es atravesar un espacio en todas sus dimensiones—físicas y espirituales—y ser transformado con cada paso en la piedra volcánica, cada taza de café metálica con familias campesinas, cada cátedra sobre el agua dada por un amigo indígena y todas las reflexiones que sólo la montaña puede dar en nosotros.

"Estas son palabras e imágenes de Allá Arriba:
Nacen abrazadas al cielo,
Caminan vivas por un manto blanco de nubes;
Junto al viento solemne y frío,
purifican el cansancio del cuerpo,
Encendiendo el espíritu del amor,
en nuestra conciencia nómada por siempre."
John Umaña - Ritácora (1999)

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