Análisis

Poesía inconexa o el sentir lírico de Terrence Malick

Valentina Romero
Imágenes POR
Invitados LN
2021-04-30

Valentina Romero nos habla de una película al parecer típica de Terrence Malick construida desde lo puramente sonoro.

En las pelis de Terrence Malick el amor es un estado visual que sus intérpretes interiorizan, lo vemos en gestos espontáneos, en sonrisas internas, en parpadeos destellantes conectados con la luz, en el constante contacto con la tierra y en los sentimientos ‘más profundos’ del ser humano. Este retrato del amor hace que adultos se comporten como niños entrando en un juego de ‘gracia’ donde se llega a olvidar la complejidad que aborda el mundo de la madurez y sumerge a los espectadores a una especie de ingenuidad infantil. En Song to song la cámara que nos encontramos es, sí, como de costumbre, la de Emmanuel ‘El Chivo’ Lubezki, pero es una cámara que además se posa entre las reuniones estridentes y las salas de concierto atascadas de la escena musical de Austin, Texas. La línea con la que se ven atravesados los personajes revela madurez actoral de todo el casting: Mara, Gosling, Fassbender y Portman logran establecer conceptos de improvisación y un grado de perspectiva no muy común en pantallas hollywoodenses. Esto les permite trabajar con libertad en las sensaciones de cada espacio fílmico.

Aunque la cronología compleja de Malick es imposible de desenredar, es claro que esta película cobra un valor simbólico con su discontinuidad, evidente en los peinados de Mara e incluso en el cambio de las casas que cuida que no permiten a los espectadores unir coherentemente la construcción de los sentimientos y acciones dadas por sus personajes. A pesar de la confusión cronológica, esta hazaña representa para la historia una virtud (impuesta o no) de sensibilidad. La lógica de esto obedece no sólo a una imposición creativa, sino que permite conectarse con la narrativa en forma de un compilado de poesía alienante, en donde el movimiento poético se nota más desde lo sonoro, lo vemos, o mejor dicho, escuchamos, en los diálogos, en las voces en off y en la banda sonora. Se quiera o no, a modo de autorreflexión, las voces dan información muy concreta sobre la variedad de las condiciones de las relaciones humanas, y esto es un acierto para hablar sobre la naturaleza de los comportamientos humanos -tan volátiles y metamorfoseados.

Ahora, la poesía que presenta en la película está definitivamente inconexa. Malick presenta frases muy poderosas que parecieran no dar cuenta de la realidad inmediata que vemos en la película. Justamente esa desarticulación ofrece un claro punto de vista ante las relaciones: la fluidez del sentir humano es complejo e inevitablemente ofrece una reflexión casi que inmediata con la banda sonora de nuestras propias vidas. 

Situándose en el movimiento de producción musical de Austin, Texas, Song to Song abarca una gran variedad musical, donde se escucha rap alternativo, post punk, rock, folk, indie pop etc. Este enorme compendio de géneros musicales resuena en la película como línea de transición entre los sentidos y emociones que se propone cada escena, nos lleva de un estado casi glorificado a un caos frenético en pocos minutos. A pesar de la remezcla de géneros, la película se siente unificada desde lo sonoro, pues al hacer una película que explora las canciones, el sonido se aleja del mero acompañamiento y empieza a reforzar los elementos narrativos. Al romper las tradiciones del diseño sonoro clásico, a estas canciones se le otorga una reinterpretación de lo simplemente dado.

La puntuación sonora en la película consiste en extracciones de sonidos ambientes de la naturaleza ‘poetizados’ a través de composiciones de Handel, Debussy, Preisner, Mahler, Pärt, Holst y Saint Saëns. Esta mezcla de infelicidad les permite a los intérpretes hablar más, reír, y entregar diferentes registros de voces. Independientemente de la crítica que merezca la película, el trabajo en la captura y el diseño sonoro es indiscutiblemente preciso.

Es claro que el trabajo de veintiséis personas en el departamento de sonido y seis en el departamento de música, da cuenta de una propuesta sesuda en la construcción sonora. Mi conexión mental inmediata al escuchar la película es comparable a pensarme el algoritmo de plataformas de reproducción de música vía streaming, te ofrecen un mix diario súper segmentado de algo que se supone disfrutas escuchando, pero este algoritmo entra en caos cuando se trata de mezclar absolutamente todo lo que disfrutas escuchar a diario. Un poco ese es el sentido de la poesía inconexa o el sentir lírico que menciono, no se trata entonces sólo de “pretensiones profundas de autor” o de “meterle más mente de lo que necesita”, se trata de una historia sobre los sentimientos humanos a modo de playlists: contrariados y evolutivos.

En el casting se unen varios músicos presentándose a sí mismos en función de la autenticidad de la escena musical de los festivales contemporáneos –South by Southwest, the Austin City Limits Festival y el Fun Fun Fun Fest. Los cameos de Iggy Pop, Patti Smith, Alan Palomo de Neon Indian, Lykke Li, Florence Welch, la banda Black Lips, la agrupación de Faye (Rooney Mara), etc., todos artistas que se consolidan como personajes de un mundo real externo ante la idea de los desafíos que deben enfrentar los artistas en la carrera musical. Con unos diálogos tras los escenarios y conciertos, estas situaciones plantean los objetivos de los protagonistas de una manera más “real” y casi documental, pues, la constante interacción de los músicos con Faye y BV establece la propia experiencia alejada de un diálogo ficcionado.

Malick se ha preocupado por establecer en sus películas un signo de autor, cuando vemos sus películas (independientemente de la crítica que merezcan) sabemos, sin ver créditos, que estamos viendo una película de Malick. Y en esta apuesta autoral, este enorme y ambicioso lienzo que es Song to song despliega revelaciones de diferentes facetas humanas unificadas por la música que se impone como sonorización de los sentimientos y pesadumbres de sus personajes. Contando con cuarenta y nueve canciones, el soundtrack de la peli acerca a quien la ve, a una experiencia manifiesta de la música en las vidas. Definitivamente la música nos permite tener una expansión con el universo que nos rodea, y en Song to song se presenta la vida como una larga playlist que dispara canción a canción.

Valentina Romero para Laguna Negra



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