Opinión

Hípica

Daniel Riomalo
Imágenes POR
2020-08-11

En una ciudad húmeda la fragilidad de un cuerpo se revela con violencia. El equinoccio de otoño pasó hace semanas pero, como las hojas de los árboles, el calor de verano aún se aferra a Buenos Aires. Mientras paseo por Balvanera veo un grupo de viejos sentados en mesas dispuestas en el andén. Como pescados en una red de arrastre, la fibra de la tela se hunde en sus cueros escamosos y resbaladizos. A pesar del sofoco las palabras brotan sin cesar. Discuten. Desde hace unos meses me cautiva la fascinación del porteño por las discusiones. Muchas se sostienen casi en el aire, se reducen a discrepancias entre dos sinónimos. En esas condiciones cualquiera puede brillar de repente con una humorada o lanzando una agudeza. Se clava con destreza en el agua y su rival cae en el pavimento.

Al pasar a su lado veo que unos escuchan con atención los resultados de las carreras de caballos. Otro vocifera “a este gobierno le hace falta mano dura”. Seguí caminando y más adelante encuentro una de las placas que recuerdan con nombre propio a uno de los desaparecidos de la década del 70. Los libros de historia han narrado el fin de la dictadura, los juicios contra los genocidas y la transición a la democracia. La memoria, sin embargo, tiene fronteras más difusas. Ese viejo aún reconoce enemigos en la calle, tal como reconoce el carrusel de su infancia en los caballos que corren en el hipódromo.

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