Análisis

Lxngxxjx xnclxyxntx ¿Se les repito?

Invitados LN
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Marcia Díaz
2020-07-10

Andando pasillos, aceras y caminos de 'la Nacho', uno empieza a descubrir todo un mundo de expresiones que asombran o desconciertan a los transeúntes: indescifrables -x remplazando a las vocales a y o en los morfemas de género. O quizá un @ o una e... No creo que esté siendo muy claro. Veamos unos ejemplos que me permití de acá:

Lxs trabajadorxs aquí reunidxs, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometidxs…

L@s trabajador@s aquí reunid@s, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometid@s…

Les trabajadores aquí reunides, queremos manifestar que no vamos a tolerar la explotación a la cual estamos siendo sometides…

Marcas textuales que uno reconocía en paredes, panfletos, post en Facebook entre otros muchos medios, indicando algo muy claro: aquí hay mamer encerrado. O bueno, era lo que pensaba entonces, cuando apenas me internaba en esas dinámicas políticas e ideológicas que alimentan a tan bello campus.

Luego vino el 2013 con la llegada de Maduro a la cálida escena pública, que acogió con dicha sus más profundos mensajes, y cómo no, nos clarificó ese intrigante concepto del lenguaje incluyente, de la manera que solo él sabe:

¿O quizá fue Jesús el que primero lo hizo, cuando multiplicó panes y penes?

Vale, no me meteré más con nuestro queridísimo presidente de la hermana República Bolivariana de Venezuela, que ya suficiente tiene con el hecho de que, según el artículo 41 de su constitución:

Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional. Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, Ministros o Ministras; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia ininterrumpida en Venezuela no menor de quince años y cumplir los requisitos de aptitud previstos en la ley.

Y, pues, lo acusan de haber nacido en Cúcuta...

¡Espere, no se vaya!, yo sé que no he dicho mucho, aunque lo parezca; déjeme y ya le explico para dónde va todo esto.

Este es un ejemplo de la puesta en escena del lenguaje incluyente, que se ha destacado en este siglo. Sin duda es un tema que da para discutir un buen rato. Tiene raíces en las luchas feministas que surgieron en el siglo pasado y se vinculan con distintos procesos sociales, culturales y políticos que hoy por hoy son parte de la agenda pública. Ha levantado odios de aquellos academicistas de la lengua que, por supuesto, sienten la ofensa de tremendo abrupto a lo establecido por los experimentos que se hacen. O bien es la bandera que, mediante el lenguaje, levantan ideologías políticas que no son propiamente feministas.

No obstante, para no crear malos entendidos, aclaro que no pertenezco a algún movimiento feminista, ni mucho menos soy un academicista que disfruta prescribir cómo se habla y escribe nuestro idioma. Por el contrario, me fascina el lenguaje en uso, pues son los hablantes quienes construyen y transforman el lenguaje, lo que no puede hacer la RAE.

Entremos al asunto. El lenguaje se construye socialmente, por lo tanto, refleja la cultura a la cual se inscribe el hablante. Por ejemplo, frases como "mucho indio", "no sea guache", "esa guaricha" (muy cachacas, por cierto) dan cuenta de la visión sobre los indígenas en la sociedad que nos dejó la colonización. Guache era el guerrero muisca y guaricha, la princesa, muy distantes de los significados que aún poseen de grosero y prostituta.

De modo tal que si uno pertenece a una sociedad machista, el lenguaje poseerá estos rasgos. Y así sucede. Por ello, la búsqueda de un lenguaje incluyente no es algo casual, ni mucho menos exagerada. Creo que de eso no hay muchas dudas. Yo lo reconocí en su momento y me empecé a preguntar, ¿cómo se hace entonces? ¿Para ser incluyente necesito poner él/ella, a/o, @ todo el tiempo? ¿Por qué, atraviesan una x así? ¡¡¡Por qué!!!

Calma. Por ahora enfoquémonos solo en ese elemento, en los morfemas de género, al ser una marca tan fácilmente reconocible en nuestro idioma. Si bien no es el único elemento que se discute, pues lenguas como el inglés, aunque no tienen que lidiar con el problema del género de las palabras, sí poseían y poseen rasgos de la cultura machista, que se dan en otros aspectos (a mi parecer, trabajar el machismo en los discursos y en los usos del español es más importante que el dilema del género morfológico).

El fragmento de la constitución venezolana, que puse al comienzo, refleja este dilema. En la historia política de nuestros países las mujeres han estado en un segundo plano. Al decir presidente la imagen que normalmente se le vendrá a la cabeza será uno de esos cuantos hombres que han pasado por la Casa de Nariño. Por lo que uno tenderá a decir el presidente, en vez de la presidente o la presidenta. Y en su constitución, por supuesto, le apuestan a cambiar este imaginario, recalcando que a estos cargos gubernamentales pueden acceder tanto hombres como mujeres. Así que, para tener a todos y todas contentos, se extendieron de tal modo.

Acá llegan los prohombres y promujeres (?) de la lengua reclamando que es un abuso del español, que atenta contra el principio de la economía lingüística y que el plural masculino ya incluye tanto a hombres como a mujeres al usarlo. Lamento decepcionarlos, pero son argumentos poco válidos. Si bien, a primera vista es un ejercicio poco ‘económico’ y en gran medida dificultoso de usar tanto al escribir, como al leer, al hablar y por supuesto al escucharlo —era increíblemente divertido, o torturante, escuchar en las asambleas en el León de Greiff a ciertos personajes olvidándose de vez en cuando de decir los y las estudiantes, quedando solo en los estudiantes; en ninguna forma va a resultar menos 'económico' que sentarse a formular una reestructuración del español, de tal forma en que se elimine el género de la lengua, para que lo apliquen cerca de 560 millones de hablantes alrededor del mundo. O introducir un género neutro, que en cierta medida resultaría menos complejo.

Por supuesto que no es imposible. La Academia Sueca ha agregado el pronombre neutro hen, al diccionario sueco, aceptando su reciente regularización en el uso, frente al hon (ella) y han (él), que bien es un problema cuando uno se enfrenta a estas lenguas germánicas (el inglés, gramaticalmente, no permite que el sujeto esté implícito, por lo que uno tiene que lidiar con escoger entre she o he a la hora de hablar de una tercera persona). Claro, el sueco solamente lo hablan 9.2 millones de personas, en un territorio reducido, a comparación del español.

Otras voces denuncian la incongruencia de estos ejercicios incluyentes frente a la estructura de la lengua y, además, resaltan el hecho de que el signo es arbitrario, por lo tanto, inmutable. O séase que nadie puede imponernos de un momento a otro que usemos x, porque la cuestión no funciona así, ya que lo instituido son las vocales a y o. Es cierto, los cambios en la lengua no se dan en ese modo. Pero, por otra parte, las lenguas siempre están en constante cambio ya que —cuidado, esto es peligroso de comprender— ¡los que regulan el lenguaje son sus hablantes, no la Real Academia Española! Vaya asunto, ¿no? En nuestra Colombia, país de gramáticos, es algo que nos cuesta entender.

Así es pues que no hablamos el mismo español de Cervantes, ni lo escribimos igual. O siquiera este español de rolo se asemeja al de nuestros ancestros cachacos.

Entonces, no es casualidad que surjan estas propuestas como parte de un ejercicio por cambiar la sociedad y de paso el lenguaje. Insisto que, hasta ahora, son banderas. A mi parecer, le doy la razón a quienes dicen que el español, si bien tiene rasgos sexistas, es tan versátil como para usarse sin esas marcas, impulsando un distanciamiento del machismo desde el lenguaje. No es fácil, claro que no, desacostumbrarse a usarlos y a su vez tampoco caer en el juego de estar diciendo todo el tiempo "los y las…" Supongamos que me paro frente a un auditorio y, en vez de decir “Muchas gracias a todos ustedes…”, simplemente diga “Muchas gracias a ustedes…” Este caso es sencillo.

Supongamos que estoy escribiendo un artículo sobre el tratamiento que reciben las personas enfermas en un hospital (que conste, no dije los enfermos) y termino en una frase como “Los doctores y las enfermeras suelen acompañar el tratamiento…” ¡Un momento!, hay mujeres doctoras y hombres enfermeros. ¡Carajos! Qué poco incluyente ando. Probemos otra fórmula: “Las doctoras y los enfermeros suelen acompañar el tratamiento…” Sería fácil, me las daría de incluyente y además no recurro a un “Los y las doctores… los y las enfermeras…” Pero algo no cuadra, no es suficiente… Al escribir, me fascina jugar con el lenguaje y sin duda estos ejercicios son un reto.

¿Qué les parece este?: “El tratamiento involucra personal médico, como profesionales de la medicina y la enfermería, quienes…” Un poco exagerado, quizá. Pero ¿quedo como sexista, o como abusador del lenguaje? No propiamente. Bien podría haberlo escrito un misógino o una feminista acérrima.

Hasta ahora todo bien, hemos resuelto que el lenguaje tiene rasgos machistas y, mal que bien, el género y sus reglas de uso tienen trazas milenarias de ello. Igualmente, no dejamos de poseer una lengua tan versátil que nos permite salirnos de tanta discusión desgastante y aburridora.

Pero nos falta un detalle certero y suspicaz que siempre se desdibuja en estas discusiones, y es: ¿qué hay de quienes no se identifican como hombres o mujeres?

¡Alguien que por favor llame a Ordoñez, Vivian, el supremo defensor de la familia o a nuestra excelentísima diputada de Santander!

"Oh, les caballeres de la idelogía de género enfilan hacia nosotros"

Por supuesto, siendo yo una persona pederasta, zoofílica, gerontofílica y necrofílica que reconoce la diversidad de identidades (por cierto, mal enclaustradas en ese LGBTIQPYMCA…), no puedo dejar de incomodarme cada vez que no me basta el lenguaje para ir más allá de aquel binarismo consagrado por la sagrada Biblia.

Es que en verdad nuestro español no puede dar cuenta de esta realidad que se busca reivindicar y que lastimosamente se viene patrasiando (aquí me limpio con la RAE, sumercé), gracias a la honrosa labor con Dios de quienes marcharon contra las “cartillas incluyentes” del ministerio (para que se respete la diversidad de género en los colegios), o del referendo que imposibilita formar familias no tradicionales a través de la adopción (¡ni hablar del acuerdo de paz empapado de ideología de género!).

Sin embargo, no se trata de imponer la agenda gay entrar en discusiones sobre el género y la sexualidad —¿son los animales machistas? ¿Mejor decimos perres, pates y gallines? ¿Qué tal le came? —, ni mucho menos darles cátedra sobre el asunto, del cual apenas comprendo, pero sobre el que es importante reconocer que el lenguaje influye en la construcción y reconocimiento de la identidad. Pues, para un niño o joven trans (acá ya me incomodé) no es fácil acoplarse a una sociedad que difícilmente comprende lo que tiene que pasar para ser reconocido y poder vivir tal cual se reconoce, sin discriminación. Sobre todo, cuando en su transición, no se le puede encajar simplemente como un él o una ella. Por supuesto que es un problema menor, cuando resulta que las mujeres trans se ven reducidas a la prostitución, la mendicidad o la peluquería, excluidas por su traición al pene.

O quizá hablemos de personas queer, que no quieren enmarcarse en el binarismo del hombre-mujer, ¿es posible no pasar por encima de su decisión con nuestro hermoso español?

POLITICAL CORRECTNESS INTENSIFIES

En Suecia no sirvió la imposición para que el hen fuese usado, tras los 60’s casi desaparece. Fue el impulso de la comunidad trans el que revivió a este pronombre, validó su uso y lo hizo común, lo hizo parte del lenguaje tal como pasa todo el tiempo: gracias a sus hablantes. Por último, por supuesto, la academia lo reconoció, pues esa es su labor.

Por ello no son descabellados tantos esfuerzos por encontrar una forma de romper en el lenguaje la visión de género precedente, desde sus bases morfosintácticas hasta los textos y discursos que nos rodean día a día. Pero pasará tiempo, como todos los cambios en la lengua —que, por supuesto, solo se pueden observar diacrónicamente—, hasta que se den soluciones aceptables y comunes. Sobre todo, a la hora de entrar a jugar con una serie de reglas desarrolladas durante los cientos de años que posee nuestra lengua y que a su vez heredó de otras con muchos más siglos encima. Menos mal tenemos la facultad de reflexionar sobre el lenguaje.

Sucederá en concordancia con los cambios sociales que se den en torno a la identidad de género, a la par de estos y estarán muy correlacionados. Ya está sucediendo, pues no es casual la constante discusión en torno al tema que nunca se ha logrado cerrar con que el plural masculino es neutro e incluye, no excluye, teniendo una gran cantidad de producción textual y oral que lo desafía, constatando los cambios “impuestos” en la lengua cervantina.

No le pido a nadie que intente leer en voz alta una frase como “Para mis amig@s toda la pola que pidan” (u otra donde cambiemos esa @ por una x), sería sumamente ridículo, ya que para los entendidos no es difícil descifrar la intención del texto. En especial en nuestros tiempos, donde prima más la comunicación escrita que la oral gracias al internet. Ni mucho menos exigiría que cada vez que hable de sus amigos diga “mis amigos y amigas” o “mis amiges”.

Pero sí le invito a usted, lector desprevenido que llego hasta acá, que no evite conocer más sobre este tema, sobre las implicaciones que tiene el lenguaje en nuestro día a día y del cómo, al reflexionar y hacer uso de él, lo mantenemos activo y en constante cambio. O bien sobre el asunto del género, sin que se limite a respuestas o soluciones simplistas (a menos que quiera evitar la colérica furia de la RAE Dios, en ese caso siga su camino y calme el desespero que este texto le produjo).

Por Ajax Camilo para Laguna Negra

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