Análisis

Quedarse solo con sus pensamientos

Cristian Moreno
Imágenes POR
Invitados LN
2020-10-19

Dirigida por Charlie Kaufman, Synecdoque, New York es una larga película cuyo aparataje meta referencial aloja un realismo que además de resultar grotesco conmueve hasta la ternura. La peli te afecta porque apunta directamente a las decisiones que uno toma, porque afirma con contundencia que la mitad de esas decisiones no las tomas tú. Uno no tiene el control, las consecuencias escapan a nuestro entendimiento, la vida es una comedia de mierda.

Hacerle frente a esa premisa es la tarea del dramaturgo Caden Cotard (Philip Seymour Hoffman). Hipocondríaco, padre divorciado y artista asquerosamente solo, Cotard recibe una beca para crear una gran obra y erige una obra teatral bañada de honestidad macabra: preso de un delirio de control o de alguna patología, escenifica su vida entera, punto por punto, elección por elección hasta lograr un desafiante simulacro sobre la (im)posibilidad de lograr ese mismo simulacro; su vida se disuelve en su obra y su obra en su vida. La peli formula una dinámica del suplemento: la vida necesita la obra porque la vida es insuficiente para dar con la verdad de la vida, pero la obra disuelta en la vida misma tampoco satisface esa insuficiencia.

Escoger pareja, cómo ser padre, qué giro darle al propio trabajo, todas decisiones por ser tomadas con la prisa de la desesperación o la lentitud de la reflexión se convierten ellas mismas en el obstáculo para encontrar esa verdad; la verdad que se trata de buscar con la obra elude la obra una vez que la vida y obra se han fundido, en un giro horroroso y cómico. Cómico porque al principio puedes reírte de las decisiones al verlas de nuevo allí escenificadas, sin comprender del todo su razón de ser, o quizá deseando haber tomado una decisión diferente, jugando a ser tu propio juez. Horroroso porque a pesar de que el ejercicio es inútil, la vida así recreada devela un puro desamparo, un hambre afectiva insaciable de la que Cotard es un eficiente intérprete.

Aunque esa compulsión de buscar un lugar afuera de la propia vida y observarla en semejante detalle no corresponda a un recurso artístico sino una deriva psicótica, esa morbosidad por los detalles de la vida se parece mucho a ese quedarse solo con sus pensamientos antes de dormir, o a esos insomnios en que se revisa sin escrúpulos la vida; muchas veces esas reflexiones sobre las decisiones ya tomadas toman esa dimensión en la que unas decisiones contienen a las otras o las implican ad infinitum. A pesar de ir tan lejos y tan adentro en esta revisión, Kaufman eleva la vida de Cotard al reconocimiento universal: erige un extenso lamento en busca de la elusiva verdad que, como cualquier otro lamento, desemboca en la muerte.

Comparte este artículo

NO TE AHOGUES: SUMÉRGETE

Recibe el contenido más reciente de Laguna Negra directamente en tu bandeja de entrada registrándote aquí. Fácil, gratis, cero spam.

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Patreon Logo

¿Te gusta lo que estás leyendo? Haz parte de nuestra comunidad de lectores Laguna Negra en Patreon y recibe contenidos adicionales, listas curadas y mucho más.

¡Quiero apoyar a Laguna Negra!

Te invitamos a leer: