Análisis

Diario de un entrenador Pokémon. Enfrentando gimnasios imposibles.

En una de esas reuniones con los amigos, de esas en las que se puede hablar de una gran cantidad de temas, siendo algunos muy serios y otros carentes de sentido, llegamos a uno que por estos días ha estado en boca de todo el mundo, pero que para mí ha sido un tema que no ha perdido actualidad desde que lo conocí, Pokémon.  

El fenómeno de Pokémon (Pocket Monster) ha retomado vigencia con el lanzamiento del juego de realidad aumentada Pokémon GO, alcanzando un auge mayor que el presentado en aquellas lejanas fechas del año 2000, cuando estaba en furor como uno de los animes de mayor impacto a nivel mundial, por esos días.

Pokémon GO es un juego de realidad aumentada en el cual, a través del celular, se puede interactuar con los pokémon como si estos se desplazaran en el mundo real. En este se provee a cada jugador de pokéballs, incubadoras de huevos, mochila para objetos, pociones, un mapa de entorno y una enciclopedia del juego.

Interfaz Pokémon GO
Interfaz inicio Pokémon GO

Volviendo a la conversación, surgió de repente como tema el nuevo juego Pokémon GO, preguntando qué pokémon se había capturado y las paradas pokémon cercanas. Al concluir la pizza y casi la reunión, entre amigos, surgió la idea de hacer un Safari Pokémon, algo así como un viaje por la ciudad para poder entre todos mejorar nuestras pokédex (enciclopedia pokémon) y adquirir mejor nivel en el juego. Aunque la idea parecía loca, e incluso peligrosa, tres valientes nos lanzamos a la aventura, queriendo emular los viajes de Ash, quien es el protagonista de la serie, en búsqueda de ser un gran maestro pokémon. Una vez acordado, iniciamos nuestro safari.

Iniciado el viaje, empezamos la concentración en el que sería nuestro punto de partida, algún lugar perdido en la lejana localidad de Suba, donde, recordando las enseñanzas de los grandes naturalistas que nos han llegado a través de varias generaciones, nos dedicamos a conseguir provisiones suficientes para soportar tan arduo viaje. Ginger Ale, jugo de manzana, palomitas de pollo, alitas de pollo con un toque picante, papas a la francesa y celulares con sus baterías totalmente cargadas, parecían la mejor combinación posible de suministros para emprender esta aventura por tierras agrestes en búsqueda de los esquivos pokémon.

Eran casi las once de la noche cuando empezamos esta gran aventura. Nuestro equipo no parecía ser el mejor para sobrevivir, pero sí el mejor para la misión. Los integrantes eran un leñador nivel 5 cuyos temas se relacionan a la filozoofía, un piloto nivel 15 fanático de las mezclas de azúcares y convicto de tres mecánicos de barrio, y yo, un experto en datos inútiles nivel 12 y sherpa de medio tiempo. Con todo en orden, entramos al vehículo de exploración para iniciar el camino a ser unos grandes entrenadores.

El trabajo era sencillo, documentar lo que encontráramos sobre estos pequeños seres llamados pokémon en nuestras pokédex, la gran labor del enciclopedista, pero sumado al hecho de que la única manera de obtener datos precisos implicaba el uso de unos artefactos para atrapar pokémon, las llamadas pokéball. En este punto advierto que lejos de ser maltrato pokémon o pokécidio, las pokéball garantizan la salud de estos seres y que en la actualidad están a nuestro cuidado o en manos del experto profesor Willow, autoridad en el mundo Pokémon.

Muy temprano en el camino encontramos nuestros primeros objetivos, unos Zubat, propios de la fauna de Suba, con una abundancia relativa muy alta, siendo los pokémon indicados para probar si contábamos con lo suficiente para seguir, puntería y pokéballs. Por fortuna el camino tenía muchos puntos de descanso, las gloriosas poképaradas, en las cuales pudimos obtener algunos suministros de apoyo, como las valiosas pokéball, además de unos misteriosos huevos que decidimos poner en incubadoras.

La aventura apenas iniciaba, calentando motores y a una excesiva velocidad de 15 km/h ya era el momento de ampliar nuestros horizontes, el condado de Cota nos esperaba. En los límites oscuros entre las tierras agrestes que rondábamos y nuestro destino, los mapas perdieron toda detección, era un punto oscuro en el cual solo la intuición nos diría cómo llegar. No sabemos cómo, tal vez la suerte o el destino, pero llegamos a la entrada de nuestro destino. Cota nos estaba esperando con muchos pokémon por atrapar.

Las sorpresas en este oscuro condado no se hicieron esperar, los primeros huevos eclosionaron, saliendo de sus incubadoras fuertes pokémon, que en adelante serán nuestros compañeros de aventura. Aún sorprendidos con nuestros nuevos acompañantes, Scyther y Caterpie, llegamos al que sería nuestro primer gran reto, el Gimnasio de Cota, un lugar donde pondríamos a prueba nuestras recién adquiridas habilidades como entrenadores.

Representación de la batalla entre equipos en Pokémon GO

Para iniciar la batalla en un gimnasio, bajo las reglas de Pokémon GO, se tiene que tener un nivel igual o superior a 5, varios pokémon para poder combatir y pertenecer a alguna de las facciones del juego. Las facciones o equipos son:

-          El Equipo Sabiduría, cuya insignia está basada en el pokémon legendario Articuno y su color es azul barón. Es un equipo que aboga por la inteligencia y la capacidad evolutiva de los pokémon.

-          El Equipo Instinto, cuya insignia está basada en el pokémon legendario Zapdos y su color es amarillo. Es un equipo que aboga por la intuición.

-          El Equipo Valor, cuya insignia está basada en el pokémon legendario Moltres y su color es rojo. Es un equipo que privilegia el poder sobre otros atributos.

Todos terminamos en el equipo azul barón, y con eso ya teníamos todo para enfrentar este primer gimnasio.

El gimnasio central de Cota, ubicado en su plaza central, era un monumento a las batallas, erguido al lado de un poste de luz, el cual le pertenecía al equipo Valor. Con algo de miedo y determinación entramos a este gimnasio para retarlo y volverlo un monumento para el equipo Sabiduría, con nosotros como sus líderes.

Empezamos la batalla en la arena de combate, Golbat, Pidgeot y Pinsir, nuestros rivales a vencer. La arena de batalla parecía inmensa, los pokémon muy bien entrenados y nosotros ad portas de esa primera batalla. Cada uno se lanzó al combate de manera independiente, yo con mi equipo Eevee entre a la arena. La primera batalla fue de Golbat contra mi Flareon, los colmillos venenosos de Golbat no dejaban lanzar un buen ataque, obligando a Flareon a esquivar cada intento de Golbat por envenenarlo, pero al final el lanzallamas de Flareon logró imponerse. Después en la segunda batalla entró Pidgeot a escena, cambié a Flareon por Jolteon, los rayos se lograron imponer de forma rápida ante el viento cortante de Pidgeot, la batalla era de nuestro equipo Eevee, eso pensaba. La tercera batalla fue Pinsir contra mi Flareon, los ataques de Tijera X atinaron varias veces en cambio los lanzallamas no parecían causar el daño suficiente para nivelar la batalla, el peso del combate contra Golbat se sentía, pero al final superó los ataques de su contrincante y  se ganó esta batalla. La emoción de ser el retador ganador era impresionante. Al final todos ganamos en nuestras respectivas batallas de gimnasio, nuestro equipo azul ganó el gimnasio, ganamos nosotros, somos los Reyes de Cota.

Cachaq
Juan Dávila como líder de Gimnasio

Con la emoción de tener nuestro propio gimnasio, decidimos regresar a nuestra base de concentración, capturando más pokémon en el camino. Ahora los límites con las tierras agrestes donde iniciamos no eran un mapa oscuro lleno de peligros y con vías desconocidas, al parecer la victoria nos hizo crecer y abrió nuestro entendimiento dándonos un mejor mapa. Listos para una nueva batalla llegamos a un nuevo gimnasio, rodeado de cientos de peligros, con el miedo invadiendo el ambiente y nuestro piloto listo para toda eventualidad, incluyendo la aparición sorpresa de uno de los mecánicos que le estaban buscando, decidimos retar ese gimnasio que estaba ante nuestros ojos.

El gimnasio estaba erguido sobre un inocente jardín infantil, dibujos de tiernos osos con fondos coloridos eran la base de nuestro reto, las distracciones perfectas para confiar a cualquier retador, pero algo se escondía entre las sombras, podíamos sentirlo, pero igual nos aventuramos a nuestra batalla. Entramos cada uno por su cuenta en la arena, Venasaur, Pidgeot y Flareon eran nuestros nuevos rivales pokémon, la batalla inició para cada uno en ese momento. Yo inicié la batalla con mi Flareon para enfrentar a Venasaur, la victoria por ventaja de tipo fue rápida, el gimnasio no sería problema para nosotros. Pidgeot contra mi Jolteon terminó con un rayo que impidió que Pidgeot pudiera continuar. Finalmente, mi Vaporeon contra el temible Flareon del gimnasio, la batalla que decidía todo, apenas veo a un leñador en nuestro vehículo celebrar la victoria y yo no terminaba este enfrentamiento, entonces me apresuré a iniciar esa última batalla cuando un peligro inimaginado nos empezó a acechar en ese justo momento.

"Prepárense para los problemas…, y más vale que teman". Esas parecían las palabras que escuchábamos en ese mismo instante cuando dos sujetos en moto nos hablaron, pero su diálogo fue “sus papeles jóvenes”. Al ver que no se trataba sino de los policías decidí que la batalla tenía que continuar, pasé mi cédula y continué en la arena, pero en eso escuchamos una frase que nos causó algo de risa y desconcierto, “¿están jugando Pokémon?”, a lo que nuestro piloto respondió que sí con un poco de tranquilidad, tal vez porque no era uno de los mecánicos de barrio.

"Para proteger al mundo de la devastación…, y unir a los pueblos dentro de nuestra nación". Ahora el diálogo se hacía hostil, al responder de manera afirmativa la actitud de los agentes de la ley cambió de manera repentina. “Están tomando”, esa frase que no fue una pregunta sino una afirmación comprobó los problemas, respondimos que no; en ese momento derroté al Flareon, fue una batalla fácil con muchas interrupciones. Con esta victoria ahora los tres éramos los nuevos líderes de gimnasio en medio de una acusación policial.

"Para denunciar los males de la verdad y el amor…, y extender nuestro reino hasta las estrellas". Nuestro piloto en medio de las acusaciones se sometió a una prueba de alcoholemia para desmentirles sus afirmaciones. Una botella de Ginger Ale consumida por mitad era lo único que nos quedaba en nuestro vehículo y la intriga sobre esas acusaciones sin fundamento. Esperamos los resultados mientras salía de la arena de batalla, ya dispuestos a dejar un pokémon para custodiar nuestro nuevo gimnasio, pero esperando tener a nuestro piloto a salvo con nosotros para eso.

"El equipo rocket viajando a la velocidad de la luz…, ríndanse ahora o prepárense para luchar". “Esto está como raro, necesitamos que nos acompañen al CAI para verificar el asunto”, fueron las palabras de los agentes de la ley al terminar la prueba de alcoholemia que dio negativa. Nuestro piloto les dijo que los seguíamos. La situación era tensa, el gimnasio sólo quedó con un Golbat de nuestro leñador, no alcanzamos a poner más pokémon por el hecho de tener que ir al CAI. Ahora era un camino al CAI ya siendo la 1 de la madrugada.

No pudimos poner los pokémon adecuados en el gimnasio, ahora estábamos de camino a un CAI, la aventura se había tornado en algo que ninguno imaginó. Inició el seguimiento, con una moto policial llegando a velocidades inusualmente altas en un sector residencial. Los seguimos en lo posible. Primer callejón, una contravía tomada por los policías, nuestro piloto pensó que mejor era adelantar por la siguiente calle, los alcanzamos. Segundo obstáculo, un semáforo en rojo, nos detuvimos y los policías se pasaron el alto como si no existiera tal. En ese momento pasamos de tener un piloto nivel 15 a un piloto de nivel 16.

Llegamos al CAI, no estaban los policías que nos abordaron por ningún lado, ni en el callejón contiguo al CAI, ni en el mismo, la situación pasó a ser sumamente extraña. Al no tener seguridad sobre lo que pasaba, pero ya con una ligera idea en la cabeza, decidimos preguntar a los oficiales que se encontraban en la puerta por la situación. Como si le habláramos de elefantes azul barón en medio del camino a Monserrate, nos miraban, era evidente que no sabían de que les hablábamos. “Muchachos, yo de ustedes me voy a la casa”, fue la única respuesta que obtuvimos después de explicar todo. Varios minutos en el mismo punto y nunca llegaron los policías.

Decidimos emprender el viaje a nuestro punto de partida, ya era tarde y la situación tan extraña nos dejó algo anonadados. Mi idea en la cabeza, aquella ligera idea que surgió en el momento de llegar al CAI, explotó y todos fuimos contagiados con ella… los policías eran los que tenían el gimnasio pokémon del jardín infantil. Decidimos revisar de manera rápida en el mapa de pokémon y en efecto, fuimos desbancados del gimnasio en ese lapso de tiempo, ya no éramos los líderes, y claro, los anteriores líderes retomaron el control. Siendo esas horas de la noche en un sector residencial apagado, es complicado pensar en un control tan rápido sobre un gimnasio pokémon; era alguien que sabía.

“¿Están jugando Pokémon?”, esa pregunta y el cambio de actitud repentino tomaba algo de sentido, las acusaciones, llevarnos al CAI después de que todo estaba en orden y el control de nuevo por el equipo anterior de manera tan rápida, todo, absolutamente todo, parecía tener sentido ante esa idea que explotó como un meme entre nosotros. Ahora estábamos sorprendidos y a la vez indignados. “Si algún día los atracan, reten al gimnasio pokémon de la policía”, fue una de las frases que salieron en el momento, nos sorprendía lo pendientes que pueden estar de un juego y no de la creciente inseguridad en la ciudad, o tal vez verlos saltar del Solitario del computador del CAI a Pokémon GO.

Terminamos así nuestro Safarí Pokémon, las aventuras vividas, los recuerdos como señores del Gimnasio de Cota, la victoria ante un débil gimnasio policial en un jardín infantil el cual tienen que conservar bajo su autoridad y no bajo la competencia sana, los pokémon atrapados y los niveles subidos, todas esas cosas nos deja este viaje que valdría la pena repetir, ojalá con una ciudad más segura y gimnasios no retenidos por la autoridad. Pero lo que sí tenemos claro es que nuestro viaje por ser maestros pokémon apenas inicia.

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