Opinión

La noche de los libros (o algunas observaciones sobre la FILBO)

Juan Dávila
Imágenes POR
Marcia Díaz
2020-07-09

Ya ha pasado un buen tiempo. Ya las hormonas se calmaron y posiblemente estén funcionando más neuronas que antes. Ahora es tiempo de hablar acerca del evento de Germán Garmendia en la FILBO. Ya escuchamos opiniones de lado y lado (si es que acaso esto se divide en bandos), pero —como es costumbre en este país— nuestra memoria vive de modas, se nos ha olvidado lo que pasó y la indignación nos duró lo mismo que la quincena. Si acaso, ahora será una anécdota de fin de año. Recapitulemos.

En la Feria Internacional del Libro de Bogotá de este año se dio una de las mejores agendas culturales que ha visto Bogotá. Recibimos a la premio nobel Svetlana Aliexievich, a un gran grupo del país invitado, Holanda, escritores de la talla de Cees Noteboom, dibujantes, diseñadores y… y también tuvimos booktubers, tuvimos youtubers que escribieron libros y tuvimos a Garmendia. El mismo que tiene más de veinte millones de suscriptores a su canal principal de Youtube.

Y bueno, ¿qué esperaban? El día sábado se encontraba en Corferias firmando su libro #Chupaelperro, mientras a las afueras miles de jovencitos se agolparon y colapsaron una feria que nunca antes se había sentido tan asfixiada. Tuvieron que cancelar la venta de entradas por la seguridad de los asistentes. Caos supremo. ¿Culpa de los ‘muchachitos’ que siguen ‘modas idiotas’?, ¿dañaron realmente la feria del libro?

No.

Nada de eso. Ni la feria se dañó ni la culpa es de los jóvenes. Pero tampoco ellos pueden salvarse del regaño. Tampoco ustedes, grandes intelectuales y seguidores infaltables de la FILBO. No se puede dejar títere con cabeza.

Es que la Feria siempre ha sido un espacio donde no solo confluye el mundo editorial, sino que en ese mundo tan diverso también solemos ver stands universitarios, vendedores de baratijas, caricaturistas, relojes con la cara de Freddie Mercury, juguetes de madera y hasta sombreros Steampunk. Esta siempre ha sido una feria diversa, que con la excusa de los libros, reúne a miles de personas.

Y aunque a usted le pueda parecer terrible, Germán escribió un libro. Bueno, al menos eso dice él y la editorial,  y tan solo por eso ya es entendible que se encuentre en una Feria del Libro. Si para usted los únicos libros de verdad son los grandes clásicos de la literatura universal, lo quiero ver organizando fogatas con El Alquimista, o entrando a los stands a quejarse abiertamente de todos los que compren a Deepak Chopra. No todos los libros deben ser buenos libros, no todos los buenos libros deben gustarle. ¡Es más! No existe una noción básica y definitiva, una fórmula perfecta de lo que es un ‘libro de verdad’. Convivir en la diferencia resulta una premisa fácil de decir (como buenos seres ‘civilizados’), pero no es tan fácil practicarla cuando hablamos del nuevo éxito de ElRubius.

Según recuerdo bien, el año anterior la Feria también recibió otros youtubers sin que existiera semejante movimiento de indignación, ¿por qué? Pues sencillo. Porque nunca habían hecho mucho ruido. Porque aunque Corferias era invivible los sábados y domingos, podían caminar por ahí y seguir consiguiendo libros para luego subir las fotos de sus compras y demostrar los grandiosos intelectuales que son. Porque en verdad no les indigna que los jóvenes vean a Garmendia. Les indigna que no hayan podido entrar a la Feria. Ahí entra la primera gran mentira de la partida de hipócritas que suelen llenar los pabellones del recinto.

Es que nadie ha dañado la Feria del Libro. Bueno, nadie lo hizo un sábado por la tarde. La Feria está podrida desde hace años. Mejor dicho, la cultura del libro en Colombia se encuentra corrompida. La cultura en Colombia está muy mal. Los colombianos estamos mal. ¡Malditos colombianos, dañaron Colombia! Pero no nos desconcentremos.

La FILBO es un evento pequeño para una ciudad tan grande, para un país tan diverso. La agenda real de la feria solo les interesa a unos pocos, muy pocos. Y esos pocos se sienten bien en esa zona de confort. Sí, necesitamos que más personas lean y que lean mejor. Nuestra educación se queda corta frente a los estándares internacionales. Nuestra ministra de educación dista mucho de ser un modelo educativo. Nuestros congresistas no leen ni los proyectos de ley que aprueban. Tenemos uno de los índices de lectura de libros al año más bajos del mundo. A esos pocos no les importa eso. Ellos están felices en su burbuja señalando a todos los que poco han sido ‘iluminados’ con la suprema sabiduría y las verdades filosóficas trascendentales. La cultura del libro en Colombia es exclusivista.

No pretendo hacer una apología a semejantes libros. No pretendo negar que son simples éxitos comerciales, poco memorables para el desarrollo de la literatura mundial. No quisiera callar el hecho de que muchos terminan creando y reproduciendo estereotipos y conductas superficiales, modelos a seguir poco adecuados y dañinos. Pero muchas veces este es el primer paso.

Si dejamos de alardear de nuestro conocimiento como perros que se huelen las colas y empezamos a divulgarlo, tal vez ese cambio que siempre le pedimos a la sociedad colombiana puede surgir. Vamos a re-pensar la Feria del Libro, pero sobre todo vamos a re-pensar nuestra actitud frente a la lectura y al papel protagónico que deben tomar los ‘intelectuales’ en una sociedad como la nuestra, que se encuentra al borde de, tal vez, los cambios más importantes y abruptos generados en décadas.

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