Análisis

Espacio doméstico como cuerpo danzante

Espacio doméstico como cuerpo danzante

Paola Montero
Imagen portada de
Rossana Alarcón
2021-10-19

La crisis desencadenada por la emergencia sanitaria y el largo y luego intermitente confinamiento se tradujo en una revaloración de prioridades en la vida de cada quien. Lo impredecible de la situación hizo que estas transformaciones empezaran sin que pudiéramos advertirlo del todo, de manera intempestiva, como si en un salón de danza se le pidiera a un gran grupo de gente transitarlo libremente, adentrarse en la efusividad del movimiento y luego, obedeciendo a una misma señal azarosa, detenerse.

Es el espíritu profundo del espacio que siempre invita
Julyen Hamilton
Su Siglo natal estaba en el lejano hipotiempo, en el Siglo 95, para ser exactos
El fin de la eternidad

Secuencia de baile desde el confinamiento

Febrero de 2020

Ha pasado más de un año desde la tarde en que sentí por primera vez este dolor intenso en la parte baja de mi espalda. Hace poco, una noche bailando en una fiesta, sentí claramente cómo ese dolor se interponía y a la vez la exigencia del baile para superarlo, como un bloqueo enfrentado con su antítesis más concreta. Si estar sentada agudiza el dolor, bailar lo desplaza, concluí.      

Estoy en un edificio que tiene en el último piso un estudio de danza. Esperé hasta las 5pm para inscribirme en uno de los talleres. Está lloviendo y el sonido fuerte del golpe contra las tejas acompaña la imagen del agua cayendo a través de los ventanales. La inscripción al taller no tardó más de 5 minutos, ahora estoy sentada en un banco pequeño viendo a las personas bailar. Es una clase de danza contemporánea. No entiendo, pero hay algo que me fascina: todos bailan distinto. Mi atención se fija en un hombre que baila muy alejado del ritmo de la música. Lo encuentro especialmente bello, su cuerpo movido por energías profundas crea otros tiempos que percibo hasta que cruza frente a él un niño corriendo, no sé de dónde salió pero no para de correr y reír alrededor del grupo, en círculos, no puedo dejar de verlo, su emoción desborda.    

El dolor sigue ahí, pero me he olvidado de él. Observando me parece que el correr del niño es su forma de bailar, de interpretar las indicaciones de la bailarina que dirige la sesión. El origen de los pasos de baile tiene siempre un hermoso misterio personal, así como sucede con las palabras y la voz. El dolor ha pasado a un segundo plano, ahora quiero aprender como ese niño a interpretar a partir del movimiento.

Movimiento 1: Interrupción. Pausa intempestiva

Marzo 2020 

Dos sesiones después de comenzar el taller, el baile se detiene. Sin que lo podamos predecir inicia un largo confinamiento. El primer día en Danza Común la bailarina Mila Chávez nos pidió apoyar las manos sobre el parlante del estudio para sentir las vibraciones del sonido, el sonido se escucha con todo el cuerpo y no sólo con los oídos, esa fue la primera lección. Pero ahora no estoy en Bogotá, estoy en casa de mi mamá en Boyacá: el taller va a continuar por videollamada y entraré aunque sé que ya no compartiremos la vibración, ni el espacio. Tengo dudas de que funcione, pero a la vez me preocupa mi espalda en el encierro, además, aunque con cierto desdén aún se mantiene mi pregunta inicial en torno al niño que corre eufórico en el estudio de danza. ¿Cómo interpretar a través del movimiento una nueva experiencia desbordante?  

Antes de empezar las sesiones virtuales prácticamente todos mis descubrimientos surgieron en torno a la interacción con los otros y la forma como sentí que esto influía en mi movimiento; ver el movimiento de otros cuerpos, las tensiones al ser vista mientras bailo, la intensidad de las miradas cuando se encuentran, el simular un escenario, la energía grupal. ¿Qué puede pasar en la danza sin estas experiencias? Durante los meses de confinamiento el bailarín Ricardo Villota construyó para uno de sus talleres una imagen que da cuenta de la aparente contradicción de buscar el movimiento aislados y en medio de la pausa. Iba a ser como convertirnos en ‘cuerpo raíz’ y buscar la expansión de manera ‘rizomática’, subterránea: “al igual que la naturaleza, reflejando su movimiento, sus procesos orgánicos, físicos y cósmicos”. Nunca lo había imaginado (mucho menos intentarlo) el movimiento de una raíz; minucioso, imperceptible.

Estaba dispuesta a indagar y para hacerlo mi comunicación dependería también de cámaras, micrófonos, parlantes, pantallas, ordenadores, la web. Ahora estaré en casa y el cuerpo de los otros llegará como imagen 2D y sonido digital.

Una mano es atravesada por luces y sombras en superposición a efectos de televisión

Movimiento 2: Redefinición. Volver a respirar

El tránsito a lo virtual fue rápido y contundente. En la primera sesión virtual con Mila acordamos usar zoom y compartir música para reproducirla cada quién en casa, aún con esto todo era posible: los calentamientos centrados en ejercicios de disociación articular, mover articulación por articulación de la cabeza hasta los dedos de los pies, los ejercicios de ritmo, el interiorizar un beat para el movimiento, improvisar marcando un cuadro pequeño que nos permitía estar en cámara, aprender una coreografía, crear una danza en torno a un objeto de casa, y también los estiramientos. La energía de Mila desborda la pantalla y los parlantes, incluso si es la pantalla y el sonido del celular. Calentábamos visualmente enfocados en su movimiento enérgico articulación por articulación. Ese primer día pude sentir ambas cosas: la posibilidad de la comunicación y a la vez mi soledad en una habitación conectada a otros invisibles, un tanto por la vivencia y otro tanto por la imaginación. Recordé al maestro de kung-fu del poeta peruano José Watanabe (con las salvedades de que no se trataba de enemigos, sino de amigos, de que no buscábamos atacar, todo lo contrario):       

<x-poetry>Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea<x-poetry>

<x-poetry>madruga y danza<x-poetry>

<x-poetry>frente a los arenales de Barranco<x-poetry>

<x-poetry>Se mueve como dibujando<x-poetry>

<x-poetry>una rúbrica antigua, con esa gracia, y<x-poetry>

<x-poetry>sin embargo, está hiriendo, buscando el punto<x-poetry>

<x-poetry>de muerte<x-poetry>

<x-poetry>de su enemigo, el aire no, un invisible<x-poetry>

<x-poetry>de mil años.<x-poetry>

<x-poetry>Su enemigo ataca con movimientos de animales<x-poetry>

<x-poetry>agresivos<x-poetry>

<x-poetry>y el maestro los replica<x-poetry>

<x-poetry>en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose<x-poetry>

<x-poetry>en la infinita coreografía<x-poetry>

<x-poetry>de evitamientos y desplantes.<x-poetry>

<x-poetry>Ninguno vence nunca, ni él ni él,<x-poetry>

<x-poetry>y mañana volverán a enfrentarse.<x-poetry>

<x-poetry>-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario<x-poetry>

<x-poetry>cuando danzo- me dice el maestro.<x-poetry>

<x-poetry>Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.<x-poetry>

Sumando la ventaja de repasar nuestra danza en las grabaciones que hacíamos para enviar a Mila, fue claro rápidamente que el ejercicio funciona, que aunque no es del todo explicable podemos comunicar movimientos y bailar juntos a pesar de la distancia. Ricardo y también Bellaluz Gutiérrez, la maestra de mi siguiente taller en confinamiento y directora de Danza Común, me hablaron tiempo después de lo rápida que fue esta adaptación de la danza al espacio virtual. Según Ricardo, Danza Común ofreció un espacio en el que muchos ciudadanos pudieron encontrar “una orientación de autoescucha” cuando los sentidos de realidad y lenguaje comunes empezaron a debilitarse por el aislamiento. La puesta en escena también se transformó, se estrenó en poco tiempo Campo Muerto Interior 2. Apto 303, la versión digital de una de las obras emblemáticas de la compañía. 

***

“Esta acción de movernos de lo cotidiano a lo danzado inicia con un microestado, pequeño, imperceptible” dice Ricardo cuando le preguntan sobre la relación entre el movimiento del cuerpo y el movimiento de las emociones, y continua:  “entonces el cuerpo inhala y exhala en el espacio temporal repetidas y nuevas emociones”. La respiración como un movimiento poderoso que dinamiza en adelante todo lo demás: cuerpo, tiempo y espacio. Respirar es una de las acciones que hacemos ininterrumpidamente desde el día en que nacemos hasta el momento de morir, es uno de nuestros mecanismos fundamentales de transformación.

A Ricardo lo conocí en un taller virtual, aunque estando en Bogotá después de un año de cuarentena y clases a larga distancia. Escucho sus palabras y pienso que no fue casualidad que al comentarle mi dificultad para algunos movimientos en una de sus clases él me haya respondido con una pregunta: “¿Estás segura de estar respirando?” Me pareció una conexión inesperada, pero conocía la respuesta. Hice conciencia en ese momento de que cuando un movimiento me resulta muy exigente contengo la respiración para bailar. Es un buen punto de llegada para el proceso de los meses anteriores en que estuve bailando en casa. Encontrar y concentrarme en una base del movimiento: la respiración.

Tal vez por esa tendencia a contener la respiración ante la dificultad me encontraba tan angustiada cuando comenzó el confinamiento:  qué pasaría con mi espalda sin poder salir de casa, qué era exactamente lo que se debía hacer para evitar el contagio, para cuidarme y cuidar de otros, cómo manejar las dificultades de la convivencia en familia, cómo lograr una independencia económica. Y alrededor de estas preguntas crecía incontrolable la asfixia. Me encontraba regresando al lugar que en otro tiempo fue mi habitación y esto significó de alguna forma regresar a ese tiempo, también a todo lo no resuelto del pasado que al principio podía, claro, resultar intimidante. Bailar allí empezó a ser importante: ¿qué otra cosa sino el movimiento podía ayudarme a rodear esos temores pasados que tantas veces había preferido no reconocer? 

Durante todos esos meses, el estar bailando desde un espacio doméstico fue una constante en las videollamadas: habitaciones, salas de estar, un garaje, pasillos, patio de ropas, e incluso en muchos casos cocinas, el comedor, las escaleras, cada espacio con sus plantas, y personas, gatos, perros que se asoman, cruzan o juegan con las bailarinas. El tránsito a lo virtual implicaba un retorno al movimiento, sí, pero a un movimiento distinto. Era claro que esta indagación partía de un retorno, iniciaba nuevamente en casa. Me empecé a sumergir cada vez más para encontrar nuevamente ese momento fundamental de la respiración.

Persona respira con una maceta y una planta en el suelo.

Secuencia inicial: Distorsiones espacio temporales

Locación: una habitación a puerta cerrada

Una tarde, mientras hablaba por teléfono, la cama se fue al piso, la armé y días después se cayó nuevamente, traté sin éxito de arreglarla hasta que me di cuenta lo conveniente que esto resultaba en términos de espacio para bailar.  Bailé durante dos meses en esa habitación. Al principio no podía sobreponerme a la mirada de otros y la puerta cerrada fue lo más eficiente, hasta que fui cediendo a la necesidad de un espacio más amplio, entonces abrí y empecé a permitirme ser vista durante los entrenamientos a cambio de la facilidad para moverme en otros espacios; correr de una habitación a otra, ampliar la profundidad en la distancia respecto a la cámara y en general ampliar las posibilidades de desplazamiento. Digo que lo reducido del espacio de la habitación me obligó a salir y por esto creo que esos primeros dos meses del cuarto a puerta cerrada son los que expresan más claramente el estado de confinamiento. Una habitación a puerta cerrada. Ese momento de contar con un espacio pequeño, muy restringido para bailar en casa, describe la condición en que sucedieron buena parte de las prácticas del medio de la danza y las artes escénicas en Bogotá, en el país y otros lugares del mundo durante varios meses de aislamiento. 

“Tomamos la decisión de no hacer escenas de desplazamientos amplios. Estas escenas no eran viables porque todos nos teníamos que grabar a nosotros mismos, no había espacio suficiente, en ese momento no era tan fácil salir al parque a grabar cosas porque las cuarentenas eran demasiado estrictas” me cuenta Paula Flórez después de haber montado desde su habitación tres obras para su séptimo semestre de artes escénicas en la ASAB. En especial una de estas obras explora las formas de creación que pueden surgir actuando y dirigiendo desde casa y en la puesta en escena virtual; de una función de Preludio para una obra en verso en la que Paula fue asistente de dirección, recuerdo la diversión al hacer comentarios rimados en el chat y la imagen de algunas personas llorando desde sus casas al recibir la llamada de los actores y escuchar que les dedicaban la lectura de un poema rimado. “Ese proceso pasó por hacer una exploración de los lugares habitados dentro de la casa buscando qué lugares evocaban ciertas sensaciones, cuáles eran más envolventes o si generaban repulsión, y cómo empezar a habitar la casa de otra manera” dice Paula, y continúa: “La premisa era: ‘cómo la cura que vamos a encontrar para el virus va a ser ponernos en nuestra casa a decir poemas’, al final recitamos unas décimas en relación a crear juntos, a resistir a través del arte”. Buscando en internet encuentro una breve descripción de la obra: 

<x-poetry>Esta obra es un preludio,<x-poetry>
<x-poetry>un prólogo y un comienzo.<x-poetry>
<x-poetry>Si prefieren una imagen,<x-poetry>
<x-poetry>es igual que un blanco lienzo.<x-poetry>

<x-poetry>Y es que en ella proponemos<x-poetry>
<x-poetry>otra temporalidad:<x-poetry>
<x-poetry>La duración de un comienzo<x-poetry>
<x-poetry>como única realidad.<x-poetry>

Los otros dos montajes, El ausente de Felipe Botero y dos obras de teatro imposible de Federico García Lorca: La doncella, el marinero y el estudiante y El paseo de Buster Keaton, resultaron mucho más complicados. Según le entiendo a Paula centrados en el esfuerzo de adaptar la habitación para convertirla en un escenario y crear la ilusión de estar todos los actores en el mismo espacio, con movimientos muy reducidos para mantener los encuadres, utilizando efectos especiales, creando convenciones visuales y sincronizando diálogos. A pesar de las posibilidades de exploración en casa, Paula siente fuerte las restricciones del espacio, las dificultades para crear conviviendo con sus padres y vecinos que se incomodan con el volumen de su voz en cada escena, y cuyas miradas la incitan también a la puerta cerrada, pues hacen más difícil lograr un entorno para concentrarse y explorar. “Hay que tener claro que la práctica en casa no puede sustituir la práctica presencial, ni para la danza, ni para el teatro” reitera. Mucho tiempo después, al verla en vivo bailando en el performance El grito de la Mujer Cabra en Mapa Teatro, al sentir la interacción y la experiencia del espacio que se crea con los desplazamientos, entiendo más claramente la urgencia de sus palabras.   

***

<x-poetry>Cuando el cuerpo habla, en las posturas<x-poetry>

<x-poetry>más extremas, en Pompeya, en una sala<x-poetry>

<x-poetry>de operaciones o en la habitación del hotel<x-poetry>

<x-poetry>más simple, hay que acercarse y escuchar.<x-poetry>

Hilse lee un poema de Alejandro Oliveros, Cuando el cuerpo habla, para despedirnos al terminar la clase. Un año después conversando por videollamada, me dice: “Tú podrías atravesar el espacio aquí, pero me refiero a lo más animal del concepto de atravesar el espacio: correr, caminar, lanzar”. Insiste en la dificultad y a la vez importancia de dejar claro a los estudiantes que en las sesiones virtuales van a trabajar en “el espacio que hay para moverse”, el de cada quien, pero también: “sin perder de vista que cuando nos traslademos al salón va a haber otra posibilidad en cuanto a ‘atravesar el espacio'''. Esta cuestión produce en ella una preocupación particular, en sus investigaciones actuales le interesa indagar acerca de ‘la filosofía del cuerpo confinado’.

“ (...) estos son conceptos que yo me he estado preguntando mucho estos dos meses que he estado dando clase en CENDA (...) Yo empecé el 9 de febrero en casa, en marzo tuve la posibilidad de estar aquí y allá, en casa y en la universidad, entonces claro los espacios del salón los utilizamos para eso: atravesar, atravesar, atravesar, y cuando nos devuelven ahorita a la casa, yo puedo percibir la diferencia más clara aún de la ausencia de un espacio físico, no hablándote metafóricamente, sino tangiblemente: la ausencia de un espacio físico y su peso en ese concepto de "atravesar el espacio" que es la danza de alguna manera, no solo eso, pero tiene mucho de eso” 

La preocupación de Hilse se agudiza respecto a sus clases en la universidad, estas implican enseñar técnicas corporales que se desarrollan en procesos a más largo plazo: “me he visto en la necesidad de preparar clase en un espacio pequeño, limitado y empiezo a preocuparme de cómo va a ser ese bailarín cuando salga de ese cuadrado”. La práctica libre, en cambio, le produce una sensación distinta, en sus clases en Concuerpos y en Danza Común le interesa enseñar a moverse desde el deseo de movimiento, algo muy relacionado con su formación como improvisadora y que parece darse más fácilmente en el trabajo desde casa: “La improvisación no es un espacio cómodo, la improvisación es moverte desde tu lugar cuando nos han enseñado durante nuestra vida a movernos desde el lugar del otro, bailes o no bailes. Lo que veo yo con los talleres en casa es que hay una cosa muy íntima, hay una fibra muy íntima que se mueve, que podría jugar a favor del bailarín porque estás ahí sólo contigo mismo, estás creando para ti, no hay un salón, inclusive puede ser que no haya un maestro viéndote porque hay muchas personas en pantalla. Entonces yo creo que se pueden detonar procesos muy internos, muy propios hablando de la improvisación en este momento de confinamiento”.     

Paola Montero se contorsiona. Nuestra perspectiva es inversa así que el suelo se ve arriba de nosotros.
Fotografía: Ángel Carrillo

Del espacio físico al “espacio virtual”

La imposibilidad para correr, lanzar, hacer piruetas o como dice la bailarina Hilse León “atravesar el espacio” en una habitación cerrada, me recuerda la noción de “espacio virtual” que escuché por primera vez al conversar con Bellaluz. “Cuando tú te dedicas a la danza la relación con el espacio es esencial, yo creo que esto fue algo a favor para los bailarines y que permitió a los maestros adaptarse a este espacio virtual. Es como que ahora el movimiento es en relación a la cámara; cómo se empieza a trabajar ahí, cómo el punto de vista, las profundidades, cómo tratar de leer este nuevo espacio. Ese reconocimiento del espacio fue también algo que nos salvó, algo que me salvó a mí”

Escucho a Bellaluz y pienso que este espacio virtual reduce aún más el espacio físico con que cuenta cada quien para la comunicación del movimiento. Las limitaciones de la conectividad desde un ordenador o un teléfono móvil y las variaciones en los medios que permiten la videollamada van sumando ambigüedad a la hora de comunicar la danza, las bases de esta comunicación son sumamente heterogéneas. Con todo, hubo una adaptación intuitiva a las clases virtuales, y en mi caso logré percibir la potencia de esto. La capacidad para manejar el espacio de la que habla Bellaluz permitió la escucha, esa adaptación a la práctica virtual, que en el caso de Danza Común se ajustó a necesidades muy concretas de los cuerpos confinados por la pandemia.  Ricardo me habla de la activación de “una memoria somática colectiva” que entra en comunicación a través de la imagen del cuerpo, así como del movimiento convertido en palabras que indican, generan movimiento y a pesar del encierro crean para los cuerpos un entorno simbólico común.

En todo caso a esta potencia para aprovechar el espacio virtual se opone la escasez de recursos y conocimientos técnicos, algo que en la migración a lo digital en el plano general del sector cultural en Colombia es objeto de crítica. Más que de las decisiones y medidas de apoyo tomadas por el gobierno, la supervivencia del sector cultural durante la pandemia ha dependido de la recursividad (y el aguante) de artistas, mediadores, investigadores, trabajadores y empresarios del medio. La falta de responsabilidad gubernamental al incentivar la migración a lo virtual sin garantizar las condiciones necesarias para este cambio, sin un compromiso claro por fortalecer las prácticas artísticas y culturales desde las bases de sus sistemas de sostenibilidad,  y sin considerar en qué medida el paso a lo virtual se trata de una salida apenas transitoria, es uno de los puntos a discutir entre los integrantes del sector y las instituciones encargadas de sostener las dinámicas del arte y la cultura en el país. Encuentro muestra de esto en la Carta abierta del sector de las artes plásticas y visuales dirigida en abril de 2020 a “las entidades nacionales responsables de trabajar en favor de la cultura y la opinión pública”. 

“Si bien las secretarías de cultura de ciudades como Bogotá y Medellín han propuesto soluciones específicas para esta crisis con planes de estímulos enfocados a la creación de contenidos virtuales (#IdartesSeMudaATuCasa y #NosMueveLaCultura), es importante reiterar que un gran número de agentes que aportan de manera determinante en el sostenimiento del sector, como montajistas, mediadores, fotógrafos y videógrafos, entre otros, no realizan actividades que se puedan adaptar a las contingencias actuales y que se puedan volcar exclusivamente hacia lo virtual. Así mismo, ocurre con ciertas prácticas y contenidos que no pueden realizarse a través de las plataformas virtuales ya que requieren otras dinámicas de encuentro. En este sentido, resulta inocuo que se piense que estas medidas van a beneficiar a todos los agentes de cada uno de los nichos creativos del país.”

La enseñanza y exhibición de las artes escénicas es una de esas prácticas que si bien puede apoyarse en lo virtual no puede reducirse exclusivamente a esto. Paula, Hilse, Bellaluz y Ricardo lo expresan de distintas maneras, desde la necesidad de fortalecer una conexión con los otros en momentos fuera de la práctica; cuando se toma un café, en una conversación a la hora del almuerzo, o antes y después de los ensayos, hasta la reiteración de que el encuentro virtual es posible gracias a la fuerza de una conexión ya fortalecida presencialmente en un espacio físico amplio y compartido. Tanto el encuentro presencial como el espacio compartido son imprescindibles.  Al describir su experiencia como curadora y gestora del Espacio Odeón, Alejandra Sarria describe el tránsito a lo virtual de la siguiente manera: 

“(...) no fue la adaptación radical que un momento así exigía, y creo ahí hay gran error en la forma como las instituciones estatales reaccionaron: creyeron que los espacios y proyectos culturales íbamos a tener la infraestructura para adaptarnos a lo digital de la noche a la mañana. Los primeros meses no había otra opción de adaptación ni de manejo de los dineros ni de nada. Te decían: “¿Ya no puedes hacer tu proyecto presencial? Entonces hazlo virtual”. Punto. Pero nadie tenía cómo. Aparte de unas cuentas de Facebook o Instagram, nadie tiene la infraestructura para hacer proyectos de arte en digital bien hechos, y nadie lo hizo completamente bien. Seguimos sin tener equipos de comunicación digital bien jalados.”

La forma de realizar este cambio en entidades educativas oficiales o privadas se resolvió en el mejor de los casos a través de servicios de videollamada como Zoom y otros de almacenamiento en la nube como Drive o Dropbox. Es sabido también que en muchos casos, sobre todo de educación básica, las actividades de clase se comunicaron apenas por Whatsapp. En el caso de las artes escénicas el desplazamiento hacia los espacios virtuales (la comunicación a larga distancia desde casa) significa también el desuso de los espacios físicos antes destinados a ensayos y presentaciones. En cuanto a las implicaciones de sostener un espacio físico inactivo Bellaluz me habló de su experiencia: 

“ Cuando tú decides tener una infraestructura de verdad es como una gran apuesta, una gran decisión ¿no? A nivel económico como compromiso con tu misma profesión, y esto con la pandemia fue un poco como un calvario (...) Eso por lo que has luchado toda tu carrera ahora se convierte en una gran dificultad; genera deudas, te puede llevar a la quiebra. Entonces tocó lidiar con eso, darse fuerza, encontrar salidas, y yo creo que la pandemia reveló esa gran dificultad de que realmente en el país no existe un apoyo desde el Estado para este tipo de decisiones de sostener una infraestructura. Se salvó el que pudo, fue algo de sálvese quién pueda. Algunos pudimos continuar y otros tuvieron que cerrar y cerrar con deudas y ya, tuvieron que asumir eso. Para mí esto sigue inconcluso. No ha habido respuesta a nivel de políticas culturales. Eso quedó ahí, los que no pudieron continuar cerraron y los que pudieron continuar ahí van y van también con sus propios salvavidas”

Fuera de campo

Poco a poco la versión bastante rígida de los espacios de casa se fue integrando al movimiento en distintos sentidos y de distintas maneras. Creé un baile alrededor de las clases; primero el juego de ir corriendo por ahí y acercarme y alejarme de quienes estuvieran en casa; personas, animales, plantas, cosas, vistos desde distintas perspectivas y velocidades, visitarlos y luego desaparecer arbitrariamente; luego, el de desplazar objetos, acomodar y desacomodar antes y después de la clase, correr sillas, el comedor, recoger el colchón, extenderlo para dormir y luego recogerlo nuevamente, hacer espacio en el closet, y con esto el inicio de un efecto dominó: mover libros, ropa, papeles, muebles, objetos que reposaban allí desde hace muchos años en una espera que no deja de parecerme enigmática y con unas maneras algo rígidas que asimilo ahora con la rigidez de mi espalda y el dolor que también fue cediendo con el movimiento. En esta rutina la casa al igual que mi cuerpo necesariamente empezaron a tener otro sentido y forma. Quizás no era un recurso nuevo, mi madre suele contar en tono divertido algunas escenas cuando yo era niña en que al regresar de su trabajo encontraba extendidas por toda la casa cosas que guardabamos en cajones, closets, alacenas. Yo esperaba que ella no estuviera para hacerlo, incluso algunas veces se lo anunciaba al despedirnos. 

***

En todos los talleres sucedió: el momento, al mostrar una secuencia o un ejercicio de improvisación, en que la bailarina dejaba de aparecer en la videollamada; se veía su ausencia, un espacio aparentemente vacío. Buena parte de lo que sigue en esta historia sucede así: fuera de campo. Fuera de ese cuadro vacío que representa justamente las condiciones del espacio virtual.

Alexandra Delgadillo es bióloga, estudiante de doctorado y docente. También es la monitora de varias clases en Danza Común, le apasiona la danza, pero no tanto como una profesión sino en su versión de práctica libre. También ella participó en los talleres de Danza Común continuamente durante el confinamiento. Un año después, conversamos sobre esa experiencia de la práctica virtual. Alexandra dice que para ella la conexión virtual es una salvación y a la vez un privilegio en estos momentos difíciles: “sí, lo cambia todo, claro, pero no siempre necesariamente para mal, sino que es otro comienzo, otra interacción”. Le pregunto entonces cómo es esa interacción nueva. “ Tengo muy claro que se perdió el auxilio del profesor y de los compañeros. A veces cuando tú bailas hay una conciencia de grupo y tú vas con el grupo ¿sí? El grupo te salva, sobre todo si te quedas, si te pierdes fácil, el grupo siempre está ahí para soportarte, la presencia del otro. Eso en la virtualidad con esos cuadritos chiquititos por allá en la porra... estás solo, ¿sí? Tienes que confiar más en ti, para mí esa pérdida fue una ganancia porque me obligó a creer en mí, a decir: ‘no puedo copiarme de nadie, tengo que encontrar el movimiento en mí'''.

Un cambio de énfasis: encontrar el origen del movimiento en uno mismo más que en estímulos externos. En medio de la complejidad que implica el cambio a la virtualidad, es interesante ver que aún en el giro hacia una búsqueda personal e interna se mantiene la necesidad de la práctica guiada. El auxilio del profesor se transforma. Lo habíamos conversado también con Ricardo cuando me habló acerca de cómo en las sesiones virtuales la palabra adquiere un lugar predominante: aparece la necesidad de traducir el movimiento en palabras y de crear nuevos referentes comunes, imaginarios, ante la desubicación o ineficiencia en que pueden resultar los referentes más convencionales. 

“Es importante hablar de una experiencia e indagación propia, pero permeada por lo que la colectividad ha impreso a lo largo del tiempo en el campo del arte de bailar; desde ahí, como guías, queremos ofrecer en un tiempo y espacio determinados la búsqueda de esa confianza en sí mismas para la práctica virtual o presencial. Hay cuestiones en particular que en Danza Común son punto de partida: el aspecto somático y también  la búsqueda por diferenciarnos  témpora - espacialmente  para establecer un nueva forma de comunicación grupal. No siempre funciona: arriba, abajo, derecha, izquierda, de pie, sentada, movimiento de espejo. Buscando alternativas descubrí que se podían ir ganando referencias particulares ¿no!!? Todos en pequeñas cápsulas adaptando su universo con un guía grupal.”

Según esto, y fue como lo experimenté también durante mis prácticas, el lugar de la palabra, de la imaginación y de los imaginarios es fundamental para la comunicación del movimiento a larga distancia. “A partir de una imagen es posible articular una noción de tiempo y/o espacio que se adecue a las circunstancias, que pueda a la vez ser general en el grupo y particular de este” me explica Ricardo a propósito de la importancia que tiene la guía hablada en las videollamadas. 

“Dentro del movimiento somático existe una noción del tiempo y el espacio que es particular y significativa de cada experiencia, esto implica entender el porqué de que en nuestros cuerpos y mentes, que generalmente desconocemos, una idea del tiempo, por ejemplo, es solo una de tantas. En esta situación es donde hablar de una planta con su raíz, para poner un ejemplo, entra en juego para atender al porqué del tiempo en la pandemia: imaginar ese soma dentro-oscuro-cerrado-introspectivo en acción móvil, con tiempo propio en aparente pausa, en acción interna, en escucha profunda”

Al escuchar estas palabras me traslado a los talleres que fueron no sólo de danza contemporánea, sino en particular y exclusivamente de improvisación. El primero dirigido por Hilse y los siguientes uno por Jenny Ocampo y otro por Sara Fonseca. Pienso en las imágenes creadas con palabras generando siempre experiencias distintas. Deambular siendo un jaguar, estar en movimiento en medio del mar, ser un árbol con raíces que se hunden en la tierra, perseguir a una hormiga, buscar con disimulo un fantasma, moverse desde los huesos, desde los músculos, desde cada víscera, desde la piel, desde el contacto detallado y sensible con el entorno. En todos los talleres la comunicación del movimiento necesitaba trasladarse a este tipo de ejercicio imaginario. Ahora, viendo en retrospectiva pienso que las personas, los espacios y temporalidades de la casa de mi mamá en Boyacá no hicieron ninguna resistencia ante esta invitación a jugar, y esos sentidos, que me resultaban rígidos o inaccesibles, se quedaron quizás enredados en la copa de un árbol o adheridos a las escamas de un pez que los lleva nadando hacía algún lugar desconocido. También desde estos lugares imaginarios se comunican las bailarinas cuando dejan de aparecer en la pantalla. Nunca pierden la conexión. 

Frase experimental

Otras formas. El movimiento es una necesidad humana

Se aprecia levemente el movimiento del performance de baile de Paola Montero
Fotografía: Ángel Carrillo

Ni siquiera pensaba demasiado en cómo habito estas dimensiones. Antes de llegar allí olisqueamos el terreno con nuestro hocico de jaguar.  

Nunca lo hubiera imaginado, mucho menos cuando todo este universo de la exploración del movimiento se apareció distante, enigmático y desconocido. 

Será un momento de clímax. “Romper el paradigma del torso” es una expresión de Sara Fonseca.

Cuando me di cuenta estaba lanzando una bola pequeña de un lado a otro de la habitación, entrando y saliendo del closet, recostada debajo de una mesa, acurrucada junto a las escaleras. 

Pasando hojas de cuadernos y tirándolos al piso. “Hagan un dibujo” decía Jenny. Nuestra guía premeditando el desorden. 

<x-quimera3>Esa tarde en que conocí el estudio de Danza Común<x-quimera3>

Romper los paradigmas del tiempo o del espacio, la idea de un tiempo continuo, lineal, progresivo. La expectativa de un espacio objetivo, mensurable hasta la minucia. 

No más el “estar derechos”, juguemos a un cuerpo incómodo y difícil hasta lo monstruoso. 

<x-quimera3>Bajo una lluvia incontenible y su sonido envolvente<x-quimera3>

Antes de llegar allí detuvimos la atención en el acto de gatear. Regresé a un lugar primigenio y lo repetí con calma: soportarme en manos y rodillas hasta ser conciencia de esto.      

<x-quimera3>-Sacude la cabeza, que se te salgan tantos pensamientos. ¡Eso!, así.<x-quimera3>

Con Hilse aprendí a navegar en el suelo. Antes de llegar allí entendimos el terreno con nuestro hocico de jaguar.

Pensamos que se pueden tocar las cosas de la casa con la mirada. “La piel tiene una resonancia como la gota de agua en un lago”

<x-quimera3>“El cuerpo tiene un sistema oseo ancestral” <x-quimera3>

Improvisar surge de un estado de conciencia máximo, una dimensión que observa al cuerpo como si fuera ajeno.

Escuchar las intenciones que van surgiendo y decidir. Ser capaz de sentir en la velocidad. 

Plano pared, plano sagital, plano horizontal. Cuando pienso personajes, ¿esos personajes están en cuál plano?

<x-poetry> Piedras<x-poetry>

<x-poetry>   El sol<x-poetry>

<x-poetry>       Cúrcuma<x-poetry>

<x-poetry>         Jengibre<x-poetry>

<x-poetry>              Pimienta<x-poetry>

<x-poetry>        Conexión<x-poetry>

<x-poetry>     Cabeza<x-poetry>

<x-poetry> Coxis<x-poetry>

***

“[El paso a lo virtual] lo resolví compartiendo una danza que se puede trabajar más desde la creación, donde yo traté de evitar un poquito esta relación de mímesis que es muy importante en la danza cuando estás en el mismo lugar. Tú haces un gesto y el otro te responde. Yo traté de combinarlo pero de que ese no fuera el fuerte, sino darle la palabra, sí, a los que están al otro lado y que desde su propia vivencia al otro lado fueran viviendo la experiencia del movimiento, que no necesitaran estar mirándome a mí como referente, sino que lo resolvieran ellos mismos, ahí me fui construyendo las clases, buscando cosas para sostener la atención del estudiante que está al otro lado y que está sólo ¿sí? Y bueno, para mí eso fue importante, es algo que sigo manteniendo, para mí en este caso se trata de fortalecer la soledad del otro, hacerlo algo también fructífero en vez de algo árido”.

Las palabras de Bellaluz me hablan de la capacidad de apertura, búsquedas que implican también desapegarse de las ideas establecidas sobre lo bello, la fluidez, la armonía o el virtuosismo a la hora de bailar. Recuerdo la insistencia en las clases con Hilse por salir de lo cómodo, armónico, rítmico, bonito, fluido o conocido. Ya no buscábamos tampoco necesariamente mantener el movimiento, sino aceptar la pausa. Sorprendernos, encontrar lo inesperado bailando desde un lugar poco común: el suelo como una aproximación a nuestra propia fragilidad. 

Vuelvo a la imagen del niño que corre emocionado en torno a quienes se reunían a bailar una noche lluviosa. Experimentar todo movimiento del cuerpo como un baile es una forma de asombro que reafirma el valor de cada experiencia cotidiana. La posibilidad de este aprendizaje es parte de lo que la danza contemporánea ha podido ofrecer ante la adversidad de la pandemia, el confinamiento, la fragilidad psicológica, física, económica. Este artículo no termina acá, se trata más bien de un inicio, búsqueda, enunciación de nuevas formas que permitan aproximarse a la complejidad de lo que ha sido conocer la danza a puerta cerrada durante una pandemia.  

***

Cuando el impulso del movimiento se apoderó de mí y de la casa, descubrí el origen de varios de los libros que estaban allí; en la medida en que los iba moviendo mi padre contaba la historia de cada uno.  Resulta que su primer trabajo fue como vendedor de libros en el Círculo de Lectores. Yo no lo sabía, es algo que explica muchas cosas. Cada quien tomaba alguno para leer. Escogimos con mi hermano uno de Asimov: El fin de la eternidad. También estaban los libros de mamá, la mayoría escritos en un lenguaje matemático al que me resulta difícil acceder, pero igual los revisé, debía saber de qué trataba cada uno. Hablar de ellos era también escuchar historias de distintos tiempos en que fueron protagonistas. Convertí un cuarto de chécheres en un pequeño estudio y durante algunos meses estuve trabajando desde allí sin sentir dolor por primera vez en casi dos años.

Paola Montero en el escenario, acostada en el suelo
Fotografía: Ángel Carrillo

Con el estímulo de la plataforma MANADA creada por Idartes y Pacifista, Paola bailó este texto el sábado 9 de octubre en La otra guarida. Esta exploración de meses en la que se intersecan las cuarentenas, el dolor de espalda, la danza, las compañías y los bailarines no hubiera sido posible sin el conjunto de amigos y colegas que colaboraron en el desarrollo del proyecto. El equipo de Laguna Negra quiere agradecer a Hilse León quien creyó muy pronto en la idea y trabajó con Paola para la improvisación y el montaje, a Rossana Alarcón por sus maravillosas ilustraciones, a Camilo Calderón por crear los visuales que hacen parte del performance, a Fabián Condía que hizo el sonido el sábado 9, a Ángel Carillo y Ángela Suárez por participar en la lectura y edición del texto, a Ángel también por sus fotos y con ellos a Paula Flórez, Ricardo Villota, Bellaluz Gutiérrez, Alexandra Delgadillo, Ivonne Toledo, y los amigos de Danza Común que ofrecieron sus conocimientos, experiencias y apoyo para pensar el lugar de la danza contemporánea en tiempos de pandemia.

Si deseas contactar con la autora puedes escribir a: pamonttov@gmail.com

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