Opinión

Elon Musk no es el futuro

Paris Marx
Imágenes POR
Camilo Calderón
2021-06-30

Este artículo fue escrito en 2018 y los años, lejos de desdibujarlo, solo le han dado la razón. Mientras algunos ven a Elon Musk como una reencarnación de Tony Stark que salvará a la humanidad a punta de tecnología, afortunadamente hay quienes se atreven a cuestionar las fantasías tecnócratas del autoproclamado emperador de Marte. Paris Marx hace precisamente eso, mostrándonos cómo las soluciones de transporte planteadas por Musk son todo menos revolucionarias; son ineficientes, excluyentes y probablemente hasta malintencionadas. Y aunque el artículo se concentra en la crisis de transporte en EE.UU., la realidad colombiana (y sobre todo la bogotana) no es muy diferente. Los áulicos de Musk podrán seguir respondiendo todo cuestionamiento con una especie de “aNt3z dE kRiTiKarMe InTeNtA zUpErArmE”, pero estamos hablando de uno de los hombres más poderosos del mundo: nuestro futuro bien puede depender del escrutinio crítico de sus acciones.

A los CEO del sector tecnológico solo les importa ellos mismos, no el bien común.

En Silicon Valley abundan las ideas grandiosas sobre transporte. En su visión del futuro, todos tomaremos cápsulas sin conductor para recorrer distancias cortas (incluso podríamos desaparecer en una red de túneles subterráneos que supuestamente nos llevaría a nuestros destinos a mayor velocidad) y, para viajar entre ciudades, nos pasaríamos a cápsulas en tubos de vacío que nos dispararían hacia nuestro destino a 1.220 km por hora.

Sin embargo, estas fantasías de los acaudalados CEO del sector tecnológico son solo eso: fantasías. Ninguna de estas tecnologías va a dar frutos en la manera que ellos prometen, si es que algún día se vuelven realidad. La verdad es que las tecnologías necesarias para transformar nuestras redes de transporte ya existen, pero políticos patrocinados por el lobby de los combustibles fósiles y adictos a la dañina ideología del “libre mercado” le han negado a los estadounidenses la tecnología del presente (ni hablar la del futuro), dejándolos estancados con un sistema obsoleto y dependiente del automóvil por tanto tiempo que ahora están dispuestos a creerle a cualquier vendedor de humo, o emprendedor adinerado, que ofrezca una solución.

Y, de todos ellos, Elon Musk es el peor.

El equivocado culto a Musk

Para la mayor parte de la prensa tecnológica, cada cosa que dice Musk es palabra de Dios. Junto a las frecuentes comparaciones (positivas) con Steve Jobs viene la idea de que Musk ha de ser infalible simplemente porque ha construido algunas compañías exitosas: si él afirma tener la solución a la crisis de transporte que enfrentan los Estados Unidos, debe estar en lo cierto. Después de todo es un emprendedor adinerado y, si algo nos han enseñado las últimas décadas de discurso político en Estados Unidos, es que siempre hay que confiar en el emprendedor.

Pero la realidad es que las ideas de Musk en torno al transporte están todavía crudas en el mejor de los casos y, en el peor, diseñadas para retrasar la construcción de infraestructura de transporte que podría impulsar a los Estados Unidos al siglo XXI. ¿Quiere eso decir que todo lo que toca Musk es problemático? No necesariamente. Sin duda merece algo de crédito por mejorar la imagen de los vehículos eléctricos y por ayudar a llevar la industria en esa dirección, pero en lo que respecta al transporte, hasta ahí llegamos. Su visión del futuro no es liberadora, ni siquiera es particularmente novedosa; de hecho es bastante conservadora.

A la imaginación de Musk le cuesta aventurarse más allá de los confines del automóvil: cada una de sus supuestas soluciones giran en torno a vehículos, a Teslas. La publicidad de SolarCity hace énfasis en una vida suburbana dependiente del automóvil; la Boring Company es un intento ineficiente e insalvable de resolver la congestión del tráfico sin reducir el número de carros; incluso el Hyperloop que propone dejó la puerta abierta para llenar tubos de vacío con vehículos.

El futuro suburbano (e insostenible) soñado por Elon Musk (© Tesla/YouTube)

Esto no debería ser motivo de sorpresa considerando los recientes comentarios de Musk diciendo que el transporte público es “un dolor de cabeza” donde “hay un montón de extraños entre los cuales podría haber un asesino en serie”. Él valora tanto el transporte personal porque no quiere estar alrededor de otras personas, incluso pareciera temerles a juzgar por sus comentarios, pero empacar a todo mundo en su propio vehículo simplemente no funciona en el cada vez más denso mundo urbanizado en que vivimos.

La verdad es que en vez de alabar a Musk y sus compañeros genios de la tecnología, debemos mirar de manera crítica sus propuestas para ver quién se vería realmente beneficiado, y si sus visiones dejan por fuera asuntos fundamentales que son esenciales para hacerlas viables en el mundo real. No podemos dejarnos engañar por los CEO del sector tecnológico que privilegian el transporte de sus sueños y su sed de ganancias por encima de las necesidades de la mayoría.

Las soluciones de transporte del sector tecnológico no funcionan

Los vehículos autónomos son el componente principal en la visión que tiene Silicon Valley del transporte, y los medios en su mayoría se creyeron las promesas de las grandes compañías cuando dijeron que estaban a la vuelta de la esquina, aún cuando personas como Musk prometieron que llegarían en dos años y, dos años después, prometieron otra vez que llegarían en dos años más.

La realidad es que no llegarán en dos años, al menos no esas cápsulas autónomas sin volante y capaces de sortear cualquier camino o clima que se les atraviese. Muchas compañías tecnológicas y automotrices tenían plazos similares al de Musk y casi todas los han postergado hasta 2021, o incluso más. Y aunque estaban haciendo grandes avances por un tiempo, mientras aprendían a manejar en carreteras suburbanas anchas y vacías, con clima soleado y despejado, la información más reciente de Waymo (uno de los líderes en la industria) muestra que el progreso está estancado.

En los próximos años veremos que saldrán al mercado más servicios de taxis sin conductor, pero es importante reconocer que los vehículos tendrán capacidades de Nivel 4 y no de Nivel 5 ¹. Esto quiere decir que estarán limitados a operar en ciertas áreas, como el servicio de Waymo en un suburbio de Phoenix, Arizona, y que tendrán problemas en cascos urbanos densos con calles congestionadas y en áreas con mucha lluvia y nieve que puedan obstruir sus sensores. Las compañías que aún así los han puesto en estas situaciones, como lo ha hecho Uber y Tesla, pueden meterse en problemas a medida que los reportes de accidentes e infracciones de tránsito sigan acumulándose ²

Pero si metemos a todas las personas en su propio vehículo, ¿a dónde irán? Musk quiere construir un subterráneo para quienes quieren evitar el tráfico. Estaría abierto al público según sugiere su retórica, pero en realidad el espacio limitado y los altos costos de construcción reducirían sus usuarios a los más ricos o, posiblemente, a un grupo todavía más pequeño; dado que el primer túnel planeado por Musk convenientemente va desde su hogar hasta su lugar de trabajo.

La enorme proeza de ingeniería necesaria para realizar el sueño de movilidad urbana sin congestiones de Musk (© The Boring Company/YouTube)

Musk no va a admitir que sus túneles serán excluyentes. Promueve la Boring Company como un medio para reducir significativamente el costo de perforar túneles (¡hasta podría beneficiar al transporte público!), pero esta afirmación nuevamente demuestra su ignorancia. Musk dice que su propuesta por fin reducirá los costos de los túneles, sin embargo, proyectos de trenes subterráneos en Madrid, Seúl y Estocolmo ya han alcanzado costos similares a los que Musk promete solo él puede ofrecer.

Una investigación del New York Times sobre el alto costo de los proyectos subterráneos en Nueva York encontró que el subterráneo de la Second Avenue costó 2.500 millones de dólares por milla, mientras que una expansión similar al metro de París costará solo 450 millones de dólares por milla. Hay muchos factores detrás del alto costo de los proyectos de transporte en los Estados Unidos y que Musk no tiene en cuenta, sea por ignorancia o para inducir al engaño intencionalmente. Este bien puede ser el caso del Hyperloop.

Musk hizo pública su propuesta del Hyperloop en 2013, después que el proyecto del ferrocarril de alta velocidad de California fue aprobado por los votantes, pero antes de que empezara la construcción. Parecía el futuro: un tubo de vacío que te dispararía desde San Francisco a Los Ángeles en media hora y costaría sólo 6 billones de dólares, mucho menos que el ferrocarril de alta velocidad.

La velocidad propuesta no solo sería increíblemente vertiginosa, hasta incómoda, para los pasajeros debido a las fuerzas a las que estarían sometidos, sino que además el hyperloop transportaría muchas menos personas que un ferrocarril de alta velocidad: 3.360 por dirección por hora contra 12.000. Los costos de construcción también resultaron completamente irrealistas y Musk mintió abiertamente sobre el consumo energético de los trenes de alta velocidad. Las compañías que realmente están intentando construir un Hyperloop han descubierto que su costo es mucho mayor que la propuesta original de Musk: una línea de 172 km en la bahía de California costaría el doble de lo que Musk proyectó para toda la línea entre San Francisco y Los Ángeles.

Similar al caso de los túneles, la línea de ferrocarril de alta velocidad de California es costosa comparada con estándares internacionales. Proyectos semejantes en China cuestan entre 27 y 33 millones de dólares por milla ($17-21m/km), comparado con los entre 40 y 63 millones por milla en Europa ($29-39m/km); mientras tanto en California estamos hablando de cerca de  90 millones por milla ($56m/km). Un Hyperloop para la bahía de California estaría en un rango entre 84 y 121 millones por milla ($52-75m/km). El alto costo de los ferrocarriles de alta velocidad no es un problema tecnológico, sino un problema con la manera en que Estados Unidos aborda proyectos de infraestructura.

Retrasando el progreso para su propio beneficio

Salir con ideas delirantes para retrasar el progreso no es nada nuevo en Silicon Valley, aun cuando los medios no presenten las cosas así. Recordemos que muchas de las “innovaciones” del sector tecnológico han dependido del gasto público para investigación, mientras que las principales compañías tecnológicas son líderes mundiales en evadir impuestos. Siempre que llega a las urnas una iniciativa de transporte público, las aplicaciones de transporte privado y los vehículos autónomos son usados para convencer a los votantes de oponerse a incrementar el presupuesto para buses y subterráneos, posicionándolos como tecnologías del pasado; sin embargo, nada está más lejos de la verdad.

El transporte público es esencial para transportar grandes números de personas rápida y eficientemente en nuestro mundo cada vez más urbanizado. El transporte individual favorecido por los tecnólogos no ofrecerá el mismo nivel de eficiencia porque no hay espacio para que todo el mundo tenga su propio vehículo o cápsula, especialmente a medida que reduzcamos las calles para ampliar las aceras y agregar carriles de bicicletas.

Musk y sus colegas CEO de empresas de tecnología promueven los vehículos autónomos como el futuro porque es el futuro que ellos desean. No quieren estar en un subterráneo o un tren junto a las personas comunes y corrientes: como dijo Musk, ¡alguna podría ser un asesino en serie! Es perturbador lo mucho que quieren aislarse ellos mismos de las personas, pero la realidad de la movilidad urbana es que el transporte individual sólo puede ser usado por una pequeña parte de la población hasta que simplemente deja de funcionar. En parte por eso la congestión es tan grave en nuestras ciudades: simplemente no cabe tanto carro y la solución no es dejar que la inteligencia artificial tome el volante, sino transportar a la gente de maneras más eficientes.

Además de sus deseos personales, Musk tiene un interés financiero en mantener vivo el dominio automotriz en el siglo XXI: ¡es dueño de una compañía de carros! El transporte público y los ferrocarriles de alta velocidad se oponen directamente a sus intereses; por eso es que promueve ideas que nunca darán frutos, pero que pueden ser usadas por ciertos grupos para hacer campaña en contra de la inversión en transporte eficiente.

© Yonah Freemark / The Transport Politic

Mientras que la infraestructura en Estados Unidos se derrumba y el énfasis está puesto en reparar lo que hay en lugar de construir para el futuro, China y Europa han construido extensas redes de transporte público y ferrocarriles de alta velocidad. Sus ciudadanos se benefician de tecnologías que están diseñadas para mover grandes cantidades de personas con eficiencia, mientras que los estadounidenses están tristemente atrapados en sus vehículos demorándose cada vez más en llegar al trabajo.

Los estadounidenses necesitan dejar de comerse el cuento de Silicon Valley (¿o deberíamos decir el soylent?) y empezar a exigir mejores opciones de transporte que los liberen de la dependencia automotriz. Parece que está cambiando la marea, a medida que ciudades en todo el país aprueban referendos para expandir el transporte público y California sigue adelante con su línea de ferrocarril de alta velocidad pese a la intensa presión de conservadores miopes.

No es cierto eso de que la inversión pública no genera prosperidad, basta mirar el Sistema Interestatal de Autopistas, pero hace falta voluntad política, mayor escrutinio a los emprendedores del sector tecnología y ponerle fin a la política de austeridad para que el gobierno vuelva a invertir en el futuro. Las grandes inversiones en ciencia e infraestructura ayudaron a que los Estados Unidos fueran prósperos y la construcción de una red nacional de ferrocarril de trenes de alta velocidad, así como una expansión masiva del transporte público, similar a lo que China ha logrado en la última década, sería la jugada visionaria precisa para demostrarle a los estadounidenses que su país todavía puede lograr grandes cosas.

____________

Notas:

¹ Los niveles en los que se clasifican los automóviles autónomos son definidos por la Sociedad Estadounidense de Ingenieros (SAE por sus siglas en inglés) y van del 0 al 5, siendo 0 un vehículo sin ningún tipo de asistencia y 5 un vehículo capaz de prescindir del control y la vigilancia humana en toda circunstancia. A la fecha, el Honda Legend es el primer y único vehículo Nivel 3 en el mundo; el Full Self Driving de Tesla, según documentos oficiales, continuará siendo Nivel 2.

² El tiempo le ha dado la razón a Marx no en una, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino múltiples veces. Tesla insiste en probar versiones Beta de su Full Self Driving en vías públicas y centros urbanos, pero los resultados todavía dejan mucho que desear.

Paris Marx es un escritor freelance canadiense y es el anfitrión del podcast Tech Won't Save Us (La tecnología no nos salvará). Es colaborador frecuente en la revista Jacobin.

Traducción de Alejandro Ramírez Pulido para Laguna Negra.

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