Análisis

El consumismo tecnológico, o lo último en guarachas

Invitados LN
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Marcia Díaz
2020-07-13

Empezaré con algunas preguntas: ¿cada cuánto compra un teléfono móvil o un dispositivo electrónico?, ¿lo usa con frecuencia? o acaso ¿tiene algún "aparatejo" de esos olvidado en el cuarto de San Alejo?

Cuando nos sentamos frente a la "caja mágica", encaramos la avalancha de mensajes publicitarios de todo tipo, a la cual ya estamos acostumbrados. Pero no es solo en la televisión, pues la publicidad se ha hecho una molestia plausible en todos los medios, la cual, paradójicamente, ya se nos hace familiar, como las ventanas emergentes en la Internet con un mensaje de "eres la persona 1'000.000" o "ganaste algún regalo fantasioso". La publicidad es la materia prima del comercio mundial y del proceso gradual de un consumismo que nos atañe a todos, el cual, irónicamente, ha estado creciendo y reproduciéndose como un ser vivo que ha germinado en nuestra forma de vivir.

La tecnología progresivamente invade nuestra vida cotidiana y, como hombre de ciencia, sé que la tecnología ha cambiado nuestra forma de ver el mundo y el universo, ha facilitado algunas de las actividades del ser humano y nos ha llevado a una nueva era de conocimiento. Aunque al parecer la necesitamos para un centenar de servicios (por ejemplo, no podemos apreciar un gran paisaje natural sin la funcionalidad de un teléfono móvil o una ostentosa cámara fotográfica, y más que eso, en nuestra siguiente travesía debemos llevar lo último en "guarachas" para no perderse las maravillas de la naturaleza), dispositivos tecnológicos como computadores portátiles, móviles, IPods, cámaras fotográficas, televisores, entre otros que sean han impregnado en nuestras vidas, estos "aparatos" rápidamente van entrando en desuso para convertirse en contaminación tecnológica y, aún más, en basura tecnológica, ya que no solo los residuos biológicos e industriales han convertido al planeta en una bola gigante de basura que gira a 108.000 km por hora por el espacio sideral en su órbita, sino también estos desechos tecnológicos de nuestra sociedad moderna contribuyen a esta mole cósmica en decadencia.

Ilustración de Marcia Díaz para Revista El Cachaco
Ahogamiento tecnológico

La publicidad que se nos muestra promulga que debemos permanecer en ese constante cambio y así llevarnos a un consumismo, permeado con aceptación y banalidad comercial por doquier, para perpetuar nuestro statu quo de comodidad y complacencia. Pocos de estos mensajes nos cuentan cómo aprovechar y reciclar estos productos, ya que en el afán de postular un nuevo candidato a subastar, se olvidan del gran deterioro de nuestro ambiente vital a causa de la locomotora del consumismo tecnológico que a este ritmo va a ser un transbordador espacial que nos llevará al declive de esta sociedad.

Hemos estado en un vaivén tecnológico que nos consume. La falta de conocimiento sobre el impacto ambiental nos ha llevado a pensar que si un dispositivo es ahorrador en todo sentido, entonces ayuda a nuestro planeta adquirirlo y luego comprar su nueva versión. Así entramos en la iteración y en la avalancha de gastos innecesarios y perjudiciales, desconociendo el buen manejo de los desechos y las consecuencias que se provocan por esta omisión. Y es que no solo se producen desechos metálicos tales como el hierro, el acero o sus derivados, sino que los RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) producen sustancias tóxicas como el arsénico, el cadmio, el plomo y el mercurio. Algunos dirán: ¿y eso en qué me afecta? Pues efectivamente estos desechos no solo afectan el medio ambiente donde convivimos, también la salud humana. Por ejemplo, el plomo es un metal presente en los dispositivos eléctricos y electrónicos, en soldaduras, cubiertas de cables y en baterías de plomo, que es muy tóxico. También, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ha comprobado además que en niveles de exposición más débiles y sin síntomas evidentes, antes considerados exentos de riesgo, el plomo puede provocar alteraciones muy diversas en varios sistemas del organismo humano. En los niños afecta, en particular, al desarrollo del cerebro, lo que a su vez entraña una reducción del cociente intelectual, cambios de comportamiento –como la disminución de la capacidad de concentración y aumento de las conductas antisociales– y un menor rendimiento escolar.

Vivimos en la era de pensar que hoy es nuestro último día en el mundo y que podemos desperdiciar por doquier para cubrir nuestros placebos sociales. Inicialmente nos preguntamos ¿cómo pueden niños tener contacto con estas sustancias? Desde estar en contacto superficial con residuos de aparatos electrónicos cerca de las casas en Bogotá, hasta pueblos en la estepa africana alojando los residuos que ilegalmente llegan desde lugares de Sudamérica, Norteamérica y Europa, estos desechos han cobrado miles de vidas en niños y adultos por el manejo inapropiado de los residuos. En países como Ghana se reciben aproximadamente cuarenta millones de toneladas de residuos al año en contenedores de todo el mundo. Como todos sabemos, el mercado del reciclaje mueve mucho material y dinero, pero lo que no se sabe son las condiciones de salud y de contaminación química que estos producen. Por ejemplo, África se ha convertido en nuestro nuevo patio trasero o cuarto de San Alejo, después de países como China e India que reciben casi el 70% de estos desechos tecnológicos. En Colombia se producen alrededor de 252.000 toneladas de residuos tecnológicos al año, contando solo computadores, televisores y celulares.

Ilustración de Marcia Díaz para Revista El Cachaco
Hay uno para todos

Pero todo no es terror y desechos, varios gobiernos en el mundo, incluido Colombia, se han puesto en la tarea de implantar legislaciones apropiadas para el manejo de los RAEE. Apple (o la manzanita que conocemos) ha empezado una estrategia muy peculiar. Los consumidores de su marca podrán entregar su iPad anterior en las tiendas autorizadas, donde se valorará; dependiendo del precio de avalúo podrá usarse en la compra de otro iPad de lo último en guarachas. Pero a pesar de todos estos esfuerzos se siguen transportando por el mundo 49 millones de toneladas métricas de basura electrónica, en su mayoría ilegalmente.

Y el daño se sigue haciendo, sin detenernos a pensar que la innovación puede ser benéfica para el productor pero a largo plazo es una bola de nieve que consumirá al mundo. Esto se debe a que el productor de dispositivos electrónicos tiene un as bajo la manga con la llamada "obsolescencia programada", la cual consiste la falla del producto después de un determinado tiempo programado, sin poder repararlo y quedando como un desecho más.

Con todo esto, es necesario que nos preguntemos si es verdad que la tecnología puede mejorar nuestra vida a largo plazo.

Daniel Cardenas para Laguna Negra

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