Análisis

Desaparecer: Una guía práctica

Camilo Calderón
Imágenes POR
Marcia Díaz
2020-07-19

Desaparecer, en términos prácticos, parece ser una tarea fácil y que normalmente asociamos a las dos muertes instauradas constantemente en la cultura universal—la muerte física, del organismo y la de todo rastro, huella y memoria en la historia, la que se considera nuestra última manifestación inmaterial—o a fenómenos propios de una ficción elaborada. No obstante—y para la sorpresa de muchos—existe un gran número de personas declaradas desaparecidas—decenas de miles mundialmente e incluyendo países desarrollados—siendo que nos encontramos en una época permeada en tecnologías de la información, vigilancia constante y mecanismos de rastreo de alta complejidad.

Históricamente la idea de desaparecer era más común por su carácter familiar en la sociedad: La carencia de registros sólidos, la guerra y la enfermedad no solo cobraban vidas sino también llevaban a muchos a hacerse pasar por muertos a los ojos del mismo. Desde la política, hasta una verguenza incontrolable, eran razones válidas para ”empezar desde ceros” en otro lugar lejano. Y es que historias—de muertos en ausencia—hay miles en lo que compete a nuestras leyendas e historias populares. Hoy día, a pesar de la cantidad abismal de personas que—simplemente—no vuelven a ser vistos; desaparecer es complejo y normalmente asociado al desenlace fatal de un crimen—como un secuestro o un asesinato—o a sucesos accidentales—como un naufragio a-la Tom Hanks—y realmente pocas veces a la explícita voluntad o deseo de desaparecer del sujeto en cuestión.

Incluso, pareciera que desaparecer es solo una cuestión de muerte o demencia en un mundo vigilado por muchos.

A través de esta absurda guía práctica pretendo—como un ejercicio guiado por la suposición—darle una serie de pasos que sirvan como plan maestro para desaparecer voluntariamente sin importar su razón de hacerlo, como cambiar de identidad rotundamente o seguir otro objetivo particular. Hoy en día hay bastantes razones para lograr una hazaña como estas y no en todo lugar se encuentran instrucciones al estilo WikiHow o siquiera tutoriales baratos de pantallazo narrado por un español desempleado.

Ahora, tenga en cuenta que esta guía pretende que usted estudie a manera simulada el desenlace antes de cometer cualquier locura, y que al ser un experimento alejado de mis objetivos reales en la vida debo advertir que no pretendo incitarlo a diferentes actividades ilícitas en el proceso.

¿Quién dejará de ser usted?

Primero que todo, la construcción—y deconstrucción—de su propio perfil personal es el primer paso—y el más importante y tedioso—de este proceso. Nosotros, los seres humanos somos—así no queramos algunos—seres sociales en distintos niveles y esto se ve reflejado en cómo creamos conexiones—mucho más allá de las de sangre—y las utilizamos para todo propósito. Factores como su estatus social, ocupación actual, relaciones personales, redes de amistades y su propia imagen pública afectan esta evaluación y pueden—con facilidad—ralentizar el proceso de desaparecer hasta por años.

Desaparecer - Pero con miles de conexiones
Esto te va a costar mucho, mucho trabajo.

Evaluar su perfil tomará un tiempo pero es posible acelerar el proceso a través de su rastro tecnológico; es decir, utilizando sus listas de contactos en libretas, cartas, directorios de teléfono móvil, redes sociales y registros personales como fotografías e identificaciones que lo acrediten parte de una comunidad. Teniendo un balance moderado sobre estos círculos sociales—y con nombres propios—usted podrá saber con mayor precisión quienes le buscarán de inmediato en cuanto no sepan de usted y claro, quienes no se habrán mosqueado durante meses o años después de lograr su cometido. Sobre la capa más importante de personas hay que tener en cuenta quienes le envían mensajes en su cumpleaños, quienes le han acompañado a salir—fuera del contexto de trabajo—durante los últimos ocho meses, quienes le envían saludos en celebraciones y días cívicos y, por supuesto, quienes tienen poder de convocatoria para buscarlo a usted en el caso que ejecute el plan.

Gobiernos, hermetismo y vigilancia

Desaparecer no funciona en todos los lugares del mundo en igualdad de condiciones y mucho menos es un derecho constitucional. Deberá tener en cuenta los mecanismos—algunos poco visibles—de vigilancia que lo mantienen atado a un rastreo constante y las posibilidades de establecer una nueva identidad sin levantar sospechas—nacionales o internacionales—a través del medio necesario en el momento. La geografía del lugar, las leyes que cubren la identificación personal, la vigilancia fronteriza y las viejitas chismosas de pueblo son grandes puntos a evaluar para hacer que su plan sea—en el mejor de los casos—un éxito total. Si está leyendo esto en Colombia, por fortuna tendrá muchos rincones donde esconderse y realmente solo tiene altos riesgos en las grandes ciudades.

La segunda muerte (sin muerte)

Inicialmente mencioné que se habla de dos muertes—una física y otra de la memoria—y es aquí donde usted necesitará destreza, tiempo y paciencia para rastrear, evaluar y responder ante los rastros que ha dejado en todos los medios posibles. En palabras de Frank M. Ahearn—un experto en seguridad y conocedor del tema de desaparecer—esto se trata realmente de crear desinformación, usar el engaño y saber cómo evitar las conexiones; es por esto que no solo necesitará plantear cómo borrará sus propias huellas sino también cómo crear otras que se apoyan en la falsedad de los perfiles temporales que necesite crear. En algunas ocasiones será tan fácil como un “Borrar mi cuenta, entiendo las condiciones”; sin embargo, en otras deberá enviar algunos correos, hacer algunas llamadas y destruir algunos registros.

La adquisición de otra identidad depende de muchos factores—algunos ligados a la vigilancia institucional—y le puede traer problemas si no gestiona bien este aspecto del plan; sin embargo, en países como Colombia usted puede registrarse en lejanías y así proceder a tener una nueva identidad—aunque ya incurriendo en delitos de falsedad—para posteriormente buscar una identificación general. Es en esta última donde entra una dificultad que es la biometría, la cual—a pesar de no ser infalible—le costará como mínimo un par de heridas en las huellas para engañar el registro y pasar en límpio por primera vez.

Y es que este paso del registro—el buscar la documentación mínima para asegurar sus pruebas como ”otra” persona—es donde usted afronta el reto sin importar las consecuencias. Un método popular en los Estados Unidos hasta hace unos diez años—por la implementación de nuevas tecnologías—consistía en tomar registros de nacimiento de muertos o de menores, para así consolidar luego un número SSN o de Seguridad Social. Las dos en su poder en la práctica ya lo aseguraban legalmente como otra persona—algo que debió haber hecho Raines en El Renegado—sin embargo, donde una revisión de datos cruzados no coincida—o su identidad adquirida sea revisada por alguna razón—este problema lo puede llevar tras las rejas un largo tiempo.

Claro está, hay muchos desaparecidos y muchos con doble o triple identidad que nunca toman este riesgo. No obstante, son personas que mantienen un perfil invalidado para muchos aspectos hoy en día comunes en la sociedad moderna—como la adquisición de productos financieros o la inscripción en servicios públicos—y esto en la práctica es un método ”de forastero” donde siempre dependerá de otros, los cuales podrían investigar su pasado.

Planeando el gran escape

Un desaparecido en voluntad debe siempre tener clara su razón de hacerlo y debe tener en cuenta que esta decisión no es solo un momento para desplazarse—a otra realidad—sino que podría también no darle la libertad que busca en principio. Desaparecer es un estilo de vida basado en el engaño y que requiere su propio código y disciplinas, lo cual exigirá que esté preparado para adaptarse a distintos tipos de situaciones.

Deberá tener en cuenta que, por este voto usted posiblemente provoque una búsqueda en su nombre y le amargará la vida a algunos. Esta, al ser una decisión anclada a demasiados aspectos de la vida, no podrá ser tratada como un juego. Antes de empezar su plan recuerde que existen soluciones para muchos de sus problemas que no incurren en su desaparición legal como el divorcio, la bancarrota, el diálogo, la amnistía, la confesión, el afrontar sus penas, el pedir disculpas y también el darle palazos a quienes le causan estos problemas.

Recuerde que lo de los palazos confiere una pena carcelaria mucho menor que un caso grave de falsificación y que, bien manejado el caso, le dará solo algunos meses de ‘guandoca’—otra forma de ganar libertad a través de la privación de la misma—y un par de sanciones monetarias.

Si usted ejecutó el plan y está leyendo este artículo, realmente solo puedo decirle que deseo que usted sea libre—en su propia manifestación—y que si dejó algunos preocupados o fichándolo como muerto—así como los que sufren por cada dos mil y pico desaparecidos al año solo en los Estados Unidos—escríbales una carta a su nombre desde otro lugar e informe que está bien, así nunca vuelva físicamente. La muerte incierta es uno de los peores pesos que una familia puede sufrir; es la manifestación constante de todos los miedos y angustias sobre el destino y redención de lo que significa usted para esas personas. Sin embargo, si a través de esta guía reconsideró la situación y prefiere no hacerlo, le sugiero buscar su propia construcción de libertad desde donde se encuentra parado y buscarse a sí mismo a través de herramientas usuales como los viajes largos, los cambios de profesión y las medidas que mencioné anteriormente; solo, por favor, no entre a un culto.

Por último me queda invitar a manifestarse, a los que quisieron desaparecer completamente.

Nos vemos pronto (si es que nos vemos alguna vez).

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