Opinión

Ciencia, mentiras y los medios. Problemas de divulgación científica en Colombia

Hay un montón de mentirosos con el ego inflado que figuran como protagonistas de los procesos científicos en Colombia. El biólogo Hermes Bolívar-Torres nos presenta varios de estos casos y nos comparte proyectos de trabajo colaborativo que buscan hacer divulgación científica con conocimiento de causa y un mínimo sentido de la ética.

Frecuentemente pensamos en los científicos como personas con altos estándares éticos, guiados por la sed de conocimiento, el ansia por un futuro brillante para la humanidad y altos estándares de compromiso en sus prácticas. Pero a veces las faltas al buen actuar científico parecen algo común que podemos encontrar en diversos ámbitos académicos y que incluso llegan a ser referentes en el día a día de cientos de personas. Esto no solo va en detrimento de la labor científica sino que también convierte en figuras destacables a personas que distan del ideal de un buen científico y buen profesional.

Y aunque Colombia no es un país que destaque por tener muchas instituciones científicas ni por su gran cantidad de académicos internacionalmente reconocidos, nuestro país no se escapa de los escándalos donde el mal actuar científico es la norma con la complicidad de los grandes medios de comunicación tradicionales. Gracias a ellos en Colombia han adquirido protagonismo personajes con títulos falsos o incluso inventados, involucrados en plagio, fraude en publicaciones, agrandamiento de sus méritos, etc. Esto ha producido sonados escándalos en el ámbito político (piensen en el último exalcalde de Bogotá) y el ámbito científico no ha sido la excepción. Ahí también se ha permitido que figuren personas que no cuentan con los méritos que dicen tener, pero que han sido publicitados como ejemplo de superación o referente científico para varios incautos que ven un programa de televisión pensando que la información presentada es verídica.

En parte este es un texto sobre la responsabilidad de los medios tradicionales pues son ellos los que han dado protagonismo a personajes que no deberían tenerlo en lugar de mostrar a gente que sí ha trabajado por fortalecer la labor científica y el desarrollo académico. Eso sin mencionar el poco empeño y visibilidad con los que enmiendan sus errores una vez se desatan los escándalos de los personajes que antes hicieron figurar en primera plana. Pero este texto también es sobre esa gente que ha mentido sobre sus verdaderos logros, que incluso ha mentido sobre sus títulos, y ha manejado el asunto dejando víctimas a su paso. Y es un texto sobre eso porque yo mismo soy un afectado por las mentiras de una de estas personas quien con sus acciones ponen en cuestión la ética y el buen actuar científico.

©El Espectador

Primero me gustaría mencionar el caso del ingeniero Jorge Reynolds, quien se presentaba como el inventor del marcapasos, artefacto que ha permitido salvar la vida de miles de personas con problemas cardíacos. Qué gran orgullo sentiría cualquier colombiano al saber que uno de sus compatriotas hizo tan magno aporte a la medicina. Lo cierto es que sus aportes no parecen haber sido tan relevantes según reveló El Espectador en una nota de prensa. Después de esa publicación, Reynolds salió en defensa de su trabajo que, aunque respetable, no tenía la relevancia para la comunidad médica internacional que él mismo le quiso vender a la prensa y a la sociedad en general: no era el inventor del marcapasos, pero sí vio su imagen agrandada y logró gran repercusión en el área médica colombiana con tales afirmaciones. Esto hace cómplice a parte de la comunidad médica alrededor de Reynolds puesto que, pese a la extensa carrera del ingeniero, dicha comunidad nunca verificó sus méritos y mejoró su prestigio sirviéndose de las afirmaciones de Reynolds.

© El Espectador

También está el caso del investigador Raúl Cuero, nacido en Buenaventura, quien logró consolidarse como un académico de alto prestigio al afirmar que trabajaba para la NASA en medios nacionales como Especiales Pirry. A partir de allí fue presentado como un erudito, ejemplo de meritocracia y modelo para aquellos a quienes superan las barreras de la pobreza que aqueja a tantas regiones de Colombia. Sin embargo, la Gloria de Cuero no duró mucho tiempo ya que una investigación realizada por Rodrigo Bernal, publicada también en El Espectador, no sólo reveló que el prestigioso académico Cuero no trabajaba en la agencia espacial, sino que muchos de los reconocimientos que ostentaba tener no contaban con la relevancia que le vendió a los medios. El Dr. Cuero salió a hacerle aclaraciones a la prensa después de la publicación de Bernal y no se ha tenido noticias nuevas de él hasta la fecha. Desapareció en un olvido mediático, tal vez acabando a su paso con los sueños de quienes por un corto tiempo, y debido a una falta de veracidad en la información, vieron en él un ejemplo o una forma de llegar a la NASA. Su imagen casi viajó tan lejos como las misiones de esa agencia espacial.

Las mentiras de los personajes anteriores palidecen en comparación con las del protagonista de esta historia.

Por último, tenemos el caso David Tovar Rodriguez: una persona cada vez más conocida entre la comunidad de astrónomos aficionados en Colombia y quien ha vivido de mentiras alrededor del sueño espacial de manera similar al Dr. Cuero. Una persona a quien los medios de comunicación le dieron una plataforma para presentarse y posicionarse como experto, hábil columnista, el científico a consultar, todo un referente en la divulgación astronómica. Todo sustentado en falsas afirmaciones.

Tovar es un geólogo colombiano con quien, por desgracia, compartí en un grupo de investigación (Grupo de Ciencias Planetarias y Astrobiología - GCPA) hasta mi retiro a principios de 2020. Ante la ausencia de la persona que realmente dirigía el grupo, Tovar fungía, junto a su esposa, como “co-director”, cargo que le permitió sostener un engaño de casi cuatro años sobre el título de Maestría en Geología Planetaria que supuestamente obtuvo en la Universidad de Minnesota. Sin que pudiéramos saberlo, ese cargo en el grupo le sirvió de soporte y plataforma para sostener una mentira en crecimiento.

El 11 de agosto de 2020, meses después de haberme retirado del grupo de investigación, la Comunidad de Astrónomos de Colombia (AstroCo) y la Sociedad de Colombianas Haciendo Investigación en Astrociencia (CHIA) emitieron a una carta conjunta en la que afirmaban que Tovar nunca había concluido sus estudios de maestría que, además, correspondía a un M.Sc en Geociencias y no en Geología Planetaria. Esto trajo consigo una andanada de críticas, indignación y memes derivados del engaño de Tovar que escaló a medios como El Tiempo, en donde Tovar participó como columnista en la redacción de ciencia, y El Espectador. Sumado a esto, se supo que Tovar impartía clases en el departamento de Geología de la Universidad Nacional de Colombia sin poseer ningún tipo de vínculo formal con la institución, así lo hizo saber en un comunicado la Facultad de Ciencias de esta institución.

Quizás como forma de enmendar la situación, Tovar logró terminar su maestría un par de meses después del escándalo por medio de un procedimiento alterno ofrecido por la universidad para obtener el título de manera rápida una vez cumplidos los créditos académicos exigidos. Cabe aclarar que este es un procedimiento caracterizado por no exigir investigación rigurosa o algún documento con el alto rigor científico propio de una tesis de maestría. Después de obtener el título, Tovar emprendió acciones legales contra quienes pusimos en evidencia su engaño, contra quienes hicieron memes sobre lo sucedido y hasta contra quienes simplemente relataron sus experiencias con él. Alegaba que se encontraba en estado de indefensión y que, al afirmar que no contaba con el título académico en cuestión, estábamos vulnerando su buen nombre y afectando su honra, desprestigiándolo ante el público en general y perjudicando su futuro profesional. Incluso llegó a adjuntar en la tutela los memes que se hicieron sobre el asunto. Un juzgado respondió a estas acciones legales fallando a favor de los demandados; Tovar impugnó la decisión y el juzgado responsable nuevamente falló a nuestro favor aunque, cabe aclarar, algunas acciones legales en otras instancias siguen en curso actualmente.

Un antes y un después en la carrera de David Tovar reflejado en su perfil de la Universidad de la Sabana

Estos ejemplos muestran una problemática que a pesar de estar concentrada en casos aislados pone en evidencia un problema sistémico: la información científica en los medios no pasa por filtros rigurosos y estos le permiten figurar a cualquiera que mienta sobre sus logros académicos. En los tres casos la prensa presentó a estas personas sin corroborar juiciosamente si lo que afirmaban era verídico, ya sea con respecto a sus títulos, sus investigaciones o su trayectoria académica: fue eso lo que permitió a estos personajes obtener fama y prestigio tan rápidamente. Aquí, el caso de Tovar tiene un aspecto adicional: no solo logró consolidar su engaño gracias a la falta de rigurosidad de los medios, sino que además llegó a ser parte del grupo de columnistas de El Tiempo. Por otro lado, las instituciones y en especial las universidades, no ejercieron una acción de veeduría sobre estas personas e incluso permitieron que estas personas trabajen en las mismas. El caso Tovar es un ejemplo claro pues fue profesor de la Universidad de La Sabana y catedrático del curso de Astrobiología impartido por la Universidad Distrital.

***

Es necesario generar un cambio de paradigma frente a la manera en que los medios de comunicación presentan a los investigadores. Esto debe comenzar con el fortalecimiento del periodismo científico, una disciplina que puede acercar de manera más certera a los investigadores con la sociedad sin caer en imprecisiones ni casos como los que mencioné antes. Este tipo de personas jamás habría llegado a tener reconocimiento alguno ni por la academia ni por la sociedad si existiesen periodistas científicos y medios realmente comprometidos con verificar la información que reciben.

Por otro lado, las universidades tienen un rol fundamental en la erradicación de este tipo de malas prácticas. Para ello, es necesario fortalecer la comunicación de ciencias en las carreras de comunicación social; la creación de escuelas de pensamiento que permitan a científicos y a comunicadores idear estrategias de comunicación que conecten mejor con la sociedad. Iniciativas donde tengan relevancia los hallazgos y la importancia de las investigaciones realizadas y no solo el nombre de un investigador en específico pues actualmente las grandes investigaciones son realizadas por un gran equipo de personas y no por una sola.

Afortunadamente, hoy en día existen iniciativas que han tomado ese camino. Evitando protagonismos y egolatrías, hay proyectos centrados en mostrar más los hallazgos de los investigadores que a los investigadores en sí. Ejemplo de esto son los conocidos “Cafés científicos” organizados por universidades, tal como la  Universidad Industrial de Santander,  centros de investigación y organizaciones de investigadores en diferentes partes del mundo con el fin de acercar a la ciudadanía con la comunidad científica y brindarle una participación más activa en el avance de la ciencia y la tecnología.

Creada por un grupo de investigadores colombianos de diferentes áreas del conocimiento, Ciencia café, pa’ sumercé ha permitido a científicos de diversas áreas hablar de sus trabajos usando un lenguaje más amable para la sociedad en general. Mediante un diseño y un lenguaje llamativo, y aprovechando el poder de las redes sociales, los investigadores explican sus trabajos, resaltan la relevancia de los mismos y muestran a la ciudadanía que los científicos son personas comunes y corrientes que usan su curiosidad e intelecto para servir a la sociedad.

Otra iniciativa de participación regional es liderada por Astronomía y Astrofísica Macondo (GAAM), un grupo cuya línea de investigación incluye el desarrollo de proyectos de divulgación en la región del Valle del Cauca. Avalado por la Fundación Universidad del Valle, GAAM ha acercado a diferentes actores de la sociedad, especialmente estudiantes de colegios y universidades, a actividades astronómicas como la búsqueda de asteroides e incluso el nombramiento de un sistema extrasolar con el apoyo de la oficina de divulgación de la Unión Astronómica Internacional (IAU).

Estos ejemplos demuestran que sí es posible realizar divulgación científica sin caer en mentiras o en el protagonismo de quienes la ejercen, una divulgación en la que priman los temas tratados y la participación de la sociedad y no la imagen de un científico en particular. Quienes participan en estas iniciativas están inscritos en publicaciones académicas y cuentan con reconocimientos que las personas pueden corroborar sin ningún tipo de reparo o intimidación. Y aunque tristemente son todavía pocos los buenos ejemplos que se pueden dar, es grato saber que no todo está perdido a la hora de desarrollar divulgación científica en Colombia.

Como dije antes, las universidades deben replantearse la manera en cómo se fomenta la ética profesional en los estudiantes. Los ejemplos mostrados son una muestra de que las prácticas educativas actuales tienen fallas en ese aspecto ya sea porque son insuficientes o incluso inexistentes; además, hacen falta sanciones eficientes para penalizar estos casos. Es imperativo que los diferentes programas curriculares de ciencias establezcan herramientas para fortalecer la importancia de la ética profesional en los futuros científicos del país, ya sea por medio de la inclusión de ejemplos de este tipo de prácticas dentro de las diferentes asignaturas o la creación de asignaturas de contexto que permitan a los estudiantes comprender con mayor profundidad las consecuencias de este tipo de malas prácticas. También es necesario fortalecer en estos aspectos a los docentes e investigadores en ejercicio, esto puede ser por medio de la creación de encuentros como congresos, conferencias y/o seminarios donde estos temas sean discutidos y se planteen herramientas para su erradicación.

Tengo la plena seguridad de que con estas transformaciones se podrá hacer frente a personas inescrupulosas que usan los medios para inflar su imagen y mentir sin ningún tipo de represalia. Sí es posible crear un ambiente más sano en la academia y lograr una mejor difusión de los diferentes hallazgos que los científicos realizan en Colombia que ayude a constatar su impacto en nuestra vida cotidiana. Sí es posible fortalecer la divulgación de la mano de personas responsables y éticamente irreprochables.

Nota de los editores

Durante la edición de este pequeño texto sobre los problemas de la divulgación científica en Colombia surgió una polémica sobre una de las promesas de campaña de la reelegida rectora de la Universidad Nacional, Dolly Montoya. Nos sorprendió la pertinencia con que la rectora prometió un pregrado en periodismo científico del que por ahora no sabemos mucho y confiamos sea un avance para tratar esta problemática que aqueja tanto a las comunidades científicas como a los medios de comunicación. Dicho esto, esperamos que esa promesa no resulte un barniz de pintura color naranja a un medio que ha sido estructuralmente debilitado a medida que avanza el desfinanciamiento y las privatizaciones, es decir un barniz de marketing que no toque el problema estructural. Aunque es obvio que hay un problema en la forma como se comunican las facultades de ciencia y tecnología, ese no es el asunto central: lo es la paupérrima financiación y las condiciones en que se hace ciencia en el país.

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