Ficción

Chibcha Gritón: Chucho

Camilo Calderón
Imágenes POR
2020-08-11

Tramando acá de generoso liberal, les presentamos la primera anécdota del Chibcha Gritón; semblanza de un rolo bien pensante que podría ser su tío, su abuelo, su padre, o cualquier otro ciudadano bien intencionado cuya sola existencia es ya una forma encarnada de la diatriba.

Aquí donde me ven caminando y que de religioso no tengo nada, yo me gozo los templos de la ciudad; con ese aroma a cagada de paloma y fritanga reposada los domingos. Qué día me pasé por la Primada y simplemente le di una pequeña vuelta: sepulcros, rejas, cuadros invaluables y revestimientos dorados en opulentas tallas de madera—no muy apropiadas representantes de la humildad de Chucho. Tuve la oportunidad de ver en misa cómo le daban inscripción a cinco niños que claramente no querían estar ahí de lo obligados que se veían; incluso, hice un par de fotos del hermoso encolumnado iluminado por la calima dominguera que viene de las faldas montañosas de Guadalupe. Al salir cansado se me acerca un viejo con ruana y me pide dinero; le digo cordialmente que no le puedo ayudar. El tipo me toma el brazo contracorriente. ¿Quién se cree? ¡Le dije de primerazo que no iba a darle algo!

Sabía bien por su florida historia que la limosna era su modelo de negocio. «Venga, que a mí no me reciben en ningún trabajo» «Al menos regáleme un tintico», decía ahora en un tono de propaganda de ONG de los noventa. Venga, no tengo nada en contra de dar de comer; incluso creo que es un deber de los siervos que rondan esta sabana—incluyéndome, así yo sea ‘bastardo’ a los ojos evangélicos. Bien la intención tuve; pero no tenía dinero suelto así que procedí a contarle con honestidad donde iba a sentarme (durante las próximas cuatro horas) para que alcanzara a conseguir el café (y algo de comer).

El tipo me hizo un mueca de rechazo. «¡Ah! A mí no me venga con esa. No me diga vainas luego que me promete algo» Refunfuñaba como un niño chiquito al que le regalan el convertible equivocado. ¡Al carajo! Nunca le prometí nada y el muy conchudo sí viene a quejarse en mi cara como si yo fuera el ya difunto Seguro Social. ¿Qué tengo que ver con sus desgracias, más si quise darle una merienda? ¿Por qué todo tiene que ser de inmediato? Compadre, ¿No ve que está siendo codicioso frente al Chucho más importante del país? ¿Limonadita de mango? ¡Su historia es falsa! ¡Muy falsa! ¡Usted es otro más! ¡Otro que se disfraza de hambriento! ¡Otro que sabotea al verdadero necesitado! ¡Pues hoy no le gastaré ese tinto! ¡Y aparte se quedó sin mogolla!

La ira de Chucho es tremenda.

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