Opinión

A propósito del Nobel de literatura...

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2020-07-10

Los Nobel siguen siendo un brazo del establishment, mientras que Dylan viene de los movimientos de contracultura norteamericanos, y probablemente nunca tuvo la intención de ganarse uno de los codiciados y jugosos premios.

Hey, Mr. Tambourine Man, play a song for me
I'm not sleepy and there ain't no place I'm going to
(Bob Dylan)

A propósito del Nobel a Dylan…

La polémica entrega del premio Nobel de Literatura a Bob Dylan ha suscitado calurosas discusiones en diferentes medios. Las posiciones más fuertes son dos: por un lado, quienes defienden una decisión que reconcilia a la literatura o con otras manifestaciones artísticas o con la cultura popular (de la cual la literatura tomó distancia hace mucho) y, por el otro, aquellos que dicen que Dylan no es un escritor y que proviene de una tradición que tiene una intención estética totalmente diferente a la de la literatura moderna. No me interesa aquí una perspectiva conciliadora porque esas son las más desencantadas e insípidas. En este caso concreto, ambas posturas tienen razón y son, a la vez, antitéticas: sí, el premio es un gesto que busca vincular la cultura popular con la literatura (y es algo que poco o nada se ha criticado); mientras que la segunda dice la verdad, en tanto Dylan no escribe literatura, digan lo que digan.

Los primeros podrían alegar que la Odisea o la Ilíada está compuesta de cantos y que por lo tanto la literatura occidental es, en sus orígenes, música y no sólo texto (en el sentido moderno de la palabra), o que en esencia los juglares con sus trovas y canciones transmitían las historias y tradiciones de una forma literaria. Lamento decirles que la “literatura” (al menos como la vivimos y la entendemos hoy en día) es un concepto moderno desarrollado entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX. Análogamente, se podría decir que tener sangre española o indígena, no me hace ni lo uno ni lo otro y que un cantautor de vallenato no es exactamente un juglar. Es decir, la música no es la literatura, ni la literatura es música. La escisión se dio hace mucho tiempo.

A los segundos, hay que decirles que no hay sistema artístico que no se transforme y que no pueda recibir constantemente influencias de otros sub-sistemas culturales. Si bien la música y la literatura son distintas, no quiere decir que no se puedan relacionar. Ahora, ¿cómo podemos saber si Bob Dylan fue más importante que otros escritores como Allen Ginsberg que otros para la poesía norteamericana? Seguramente más escritores contestarán que Gingsberg (que en paz descanse) fue más importante, porque hay una tradición poética que solo secundariamente se alimenta de la música de Bob Dylan. No creo que sea un paradigma de la tradición literaria, mientras que lo es más dentro de géneros más propios de la música norteamericana como el rock o la renovación del folk y el pop. Paradójicamente, el gesto de la academia es una deuda que debió haber pagado hace muchos años: una deuda que tiene que ver con la nefasta separación entre alta y baja cultura, entre una cultura de élite y otra para las masas. En ese sentido, debe ser visto como un acto político que no debe ser desdeñado del todo.

No obstante, ante lo dicho antes, hay que señalar que se trata de la cultura popular “global”, es decir, la norteamericana, la de exportación.  Me imagino el grito que pondrían muchos (no todos) los que ahora se ufanan de que le hayan dado a Bob, si se lo dieran a un cantautor de otra música también popular como por ejemplo a uno de corridos mexicanos, por decir cualquier cosa. A muchos, eso ya no les parecería tan “progre” (bueno serán los mismos que solo se saben dos canciones de Dylan pero celebran el premio como si fuera suyo). También recuerden que la literatura no es tan pura e ingenua, ella misma se apropia de la cultura popular cuando está en decadencia y la vuelve consumible para poblaciones con cierto capital cultural. “No guarantees of anything, not even the guarantee that life isn't one big joke”, como dijo Dylan.

Mi último comentario tiene que ver con que los premios de la academia deben ser vistos con más perspicacia. Los Nobel siguen siendo un brazo del establishment, mientras que Dylan viene de los movimientos de contracultura norteamericanos, y probablemente nunca tuvo la intención de ganarse uno de los codiciados y jugosos premios. ¿Será que otra vez la máquina se quiere devorar todo lo que nació como una forma de manifestarse de forma distinta y nadie se da cuenta? ¿Todos aplauden con ojos brillosos? ¿Todos listos a comprar o consumir (ya que de verdad no creo que muchos compren) algo de Dylan? O como sugiere Margaret Atwood, ¿será un guiño a las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos? Mientras tanto Robert Allen Zimmermann, seguirá impasible, envejeciendo en su mansión en Malibu, California, pues como dijo Leonard Cohen: “Es como ponerle una medalla al Everest por ser la montaña más alta”. Un premio más, un premio menos, a todas estás, ¿qué pasará por la cabeza de quien irónicamente dijo “I don´t call myself a poet, because I don’t like the word”?

Juan David Escobar para Laguna Negra

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